RABIA (de Sergio Bizzio), por Silvia Renee Arias

RABIA
de Sergio Bizzio
Debolsillo,2008
por Silvia Renee Arias


Tal vez uno de los mayores méritos de la interesante y premiada obra del novelista, guionista y director de cine Sergio Bizzio (Ramallo, Buenos Aires, 1956) radique en que sus llamadas “delirantes historias” no conceden sin embargo nada a lo que no sea la más estricta lógica. A ver si queda claro: en el caso de que alguien decida ocultarse en la mansarda de una mansión –habitada-, es decir que se confine al ocultamiento a riesgo de, entre otras cosas, morir de hambre, puede resultar, por lo menos, curioso. Pero si ese hombre (José María, a quien todos llaman María, cuarenta años, obrero de la construcción, elástico, fatalmente enamorado de Rosa, mucama en la mansión de los Blinder) ha cometido un asesinato, su recurso ya no tiene nada de extraño, todo lo contrario: se transforma en la primordial y única manera de evitar ir a la cárcel y, sobre todo, pero como una consecuencia no planeada, permanecer cerca del objeto de su amor.

Ahora bien, es en este punto, o a partir de él, mejor dicho, que se desencadena y comienza a fluir la inagotable imaginación de Sergio Bizzio con una destreza reservada a los mejores narradores de nuestro continente. Claro que no lo estamos descubriendo en esta reseña (Bizzio ha escrito obras de teatro en colaboración con Daniel Guebel, y, entre otras, las novelas El divino convertible, Son del Africa, Más allá del bien y lentamente, Planet, En esa época, que fuera Premio Emecé en 2001, y Era el cielo), pero en todo caso por qué no afirmarlo una vez más. Y si bien asoman algunos tópicos que podrían considerarse forzados (pero qué obra de ficción no se vale de ellos), artificios que es mejor dejar a la consideración de los lectores, en Rabia todo el mecanismo funciona con una perfecta coherencia interna, a la vez conmovedoramente tierna, donde la tensión y el suspense se mantienen hasta la última de sus poderosas 222 páginas, no porque acercándose al final uno no tenga claro qué va a pasar, sino porque necesariamente se pregunta cómo va a suceder.

Y entre las muchas y sorprendentes aristas por las que transita la narración, que se convierte también, en definitiva, en una de las más notables historias de amor que se hayan escrito hasta hoy, no es menor el hecho de que el sujeto en cuestión termine convirtiéndose en un inteligente vengador. Oculto, por supuesto. Tierno, hay que decirlo una vez más, y sensible en su lógica de reparar a su modo la realidad destruida, para crear otra, autosuficiente, justiciera, donde todo está permitido en nombre del amor y donde diferentes clases sociales tejen sus propias diferencias de la única manera que le es dado construir a la Literatura, con mayúsculas, la que nos muestra y no juzga, la que nos interpela y “nos hace saber”, la que plantea una realidad a partir de la cual esa misma realidad se torna una verdad irrevocable. Porque como bien apuntó en su momento el siempre recordado Fogwill, Rabia -Premio Internacional de Novela a la Diversidad 2004, otorgado en España- “es de una originalidad poco frecuente, una de las mejores y más verdaderas novelas de la última década”.

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