ENTREVISTA A ANDRÉS RIVERA

ENTREVISTA A ANDRÉS RIVERA

La revolución desde las palabras

Esta es una entrevista atípica para Los Asesinos Tímidos. Es una entrevista que realicé en el marco de Noche de Cuentos del Grupo Alejandría, el Martes de 3 Junio. En la misma participó, también, gente del público. Al desgrabar me encontré con algo obvio: no sabía el nombre de los presentes que realizaron algunas preguntas. Por eso decidí atribuirlas todas a LAT, o sea, a mi persona. Espero que quienes estuvieron esa noche sepan disculpar.

LAT- ¿Cómo surge el deseo de escribir?

ANDRÉS RIVERA- Esta es mi segunda juventud, pero en mi primera juventud yo fui hijo de un hogar obrero, donde mis primeras lecturas de niño fueron títulos como este: Memoria y balance del comité central confederal de la CGT o: La lucha de los mineros de Asturias de 1934, para ese momento yo debería tener 6 o 7 años y me pasaba la mayor parte del tiempo en cama. Era un niño prodigio y las maestras se ponían muy bien 10 felicitado cuando entregaba una composición que llevaba por título “La vaca”. Bueno fueron surgiendo poco a poco mis ganas de escribir. Allá por el año 57 cuando yo tenía 29 años me publicaron, lo que aún hoy creo que es un muy mal libro, El Precio. Ese libro tiene sobre sí la influencia de la literatura norteamericana, esto es, escrito sin coma ni punto. Allí hay un William Faulkner puro, el Faulkner de El ruido y la furia.

LAT- Hablando de lecturas, ¿tiene algún placer culposo, la lectura de algún libro o autor que usted le avergonzaría decir que lee?

AR- No, Faulkner supo decir que uno aprende de los libros buenos y de los malos.

LAT- Entre 1972 y 1982 no publicó, pero siguió escribiendo. ¿Por qué no editó?

AR- Seguí escribiendo. Pero sobrevino el 24 de Marzo de 1976 y para ese momento no publicaba ni Walt Disney, de manera que tuve que esperar hasta el 83, 84. De todos modos en este país y en el mercado del libro, hablemos así en términos de capitalismo, quien no consigue un premio tiene de correr de una editorial a otra para que le publiquen, así sea García Márquez. Por ejemplo, para alimentar lo que acabo de decirle: cuando me dieron el Premio Nacional de Literatura en 1992 los reportajes que me hacían (yo había empezado a publicar en 1957) que eran 5 o 10 por año, pasaron a ser 25. ¿Por qué? Por que me rodeó la aureola de la fama burguesa, ¿Cómo no ir a hacerle el reportaje a alguien que recibió el Premio Nacional de Literatura? Y esto no es culpa de los periodistas, sino de las empresas. Todos nosotros vivimos en el mercado y si hay que ir a comprar carne, hay que ir a la carnicería y hay que pagar un precio. Y bien, mi precio es ese: el de la fama.

LAT- ¿Qué otros cambios notó a partir del Premio Nacional?

AR- Me lo adjudicaron en el 92, por La Revolución es un sueño eterno, que había sido publicado en el 87. Soy lento, pero este país es más lento que yo en materia de literatura. Y bueno, eso implicó en aquel momento una beca vitalicia de 709 pesos con 50 centavos. Hoy es una cifra mucho más respetable, suma 2100 pesos y monedas, a los que tengo que agregar 500 pesos de jubilación de periodista. Aclaro, los periodistas cobran mucho más, pero siempre trabajé en los órganos clandestinos del PC (No estoy hablando de la computadora) y solo trabajé en el Cronista del 74 al 82. Cuando mataron al dueño del Cronista, la nueva dirección me despide. Con ese dinero me tomé un año sabático y con las correcciones de estilo que me entraban, de médicos y otros profesionales, me dediqué a escribir. Hasta que en el 92, ya les digo, me dieron el Premio Nacional y poco a poco pude zafar. Volviendo a la pregunta, sé que ahora puedo decir en dos líneas lo que antes decía en 10. Y ese aprendizaje no va a terminar nunca en sí, va a terminar cuando yo me muera.

LAT- ¿Cómo se debería entender hoy la idea o figura del escritor comprometido?

AR- La palabra “compromiso” la usó con mucha frecuencia Sartre. Si hay un continente en que el escritor debe comprometerse es este: el continente Latinoamericano. Hay pruebas de eso: aquí tuvimos un Faulkner, que se llamó Juan Carlos Onetti, y nunca dejó de comprometerse. Ustedes saben que los militares Uruguayos lo encerraron durante 3 meses, y Onetti juró que no regresaría más al “paísito”, como él llamaba al Uruguay, que era en América latina de entonces una Suiza rioplatense. Yo lo conocí, porque fui muy amigo de su hijo Jorge.

LAT- ¿Qué otros autores entiende como influencias?

AR- Influencia, es decir, que me enseñaron y yo que soy muy lento, terminé por encontrar mi propio tono, si ustedes quieren, mi propia música, muchos. Roberto Arlt, por ejemplo, que considero el mejor escritor nacional. Y yo que soy ateo voy a confesar un pecado: no sé inglés. Porque no poder leer a Shakespeare en el original es el pecado. Pero tuve otras tareas que hacer, como habrán advertido.

LAT- ¿Borges?

AR- Muy sencillamente: Borges me enseño a adjetivar. Cuando un autor como Borges escribe, “la unánime noche”, uno tiene que aprender. Si no aprende, más vale que se dedique a otra cosa, tan respetable como la literatura. Yo lo entrevisté una vez sola, en su casa de la cale Maipú, con mi compañero periodista. Trabajaba en el Cronista Comercial, plena dictadura militar, estábamos más aburridos que esta mesa, porque siempre escribíamos lo mismo, todos los días el parte oficial. Un compañero de la redacción, Norberto Suárez me dijo, “Andrés, vamos a entrevistar a Borges” sólo para salir del aburrimiento. Claro, no nos contábamos entre los desaparecidos. Y llamamos y, disculpen que imite el tono de voz, Borges dice “Vengan” y allá fuimos. Nos hizo sentar y ahí estaba, impecable: corbata, traje. Llevábamos como diez preguntas. Realizamos la primera. Borges habló durante dos horas, y puso las comas, los puntos y comas, los puntos seguidos y los puntos aparte. Impecable. Con Norberto Suárez nos miramos y decidimos no hacer más preguntas. A las dos horas, Borges dice: “Ya voy, madre” Doña Leonora Acevedo que lo llamaba desde el interior del departamento y Borges allá fue; al rato vuelve, y era como si hubiera puesto punto y aparte, ¡siguió una hora más! Eso fue la orgía. Durante dos días Norberto y yo nos dedicamos a desgrabar y a pasar lo que nos había dicho Borges y llenamos durante dos días consecutivos varias páginas del Cronista, se imaginan, eso fue un banquete.

LAT- ¿Cómo surgió la idea de la fundación Pedro Milesi?

AR- Entre el 80 y el 84, cuando sobrevino esto que se llama democracia, Susana Fiorito, mi mujer, me llevó a adoptar Córdoba, no que Córdoba la adoptara a ella. Abrió la Fundación Pedro Milesi, nombre que viene de un obrero que fue anarquista y que siempre iba, costumbre de los anarquistas, con un libro bajo el brazo. Susana se lo trajo para Córdoba, lo instaló en un departamento, y el viejo Pedro Milesi dio nombre a la fundación y participó, con ochenta y pico de años, en las actividades. Susana es quien lleva eso adelante, con el ímpetu, está bien que yo lo diga, y la inteligencia excepcional de una mujer de 40 años. Va a cumplir 80. Nosotros, los hombres, somos muy propensos a llorar en la solapa del amigo. Las mujeres pueden llorar, pero resisten. Y lloran con mucha más entereza que nosotros las situaciones más difíciles.

LAT- Hay alguien que aparece visto por varios personajes de sus libros: Sarmiento. ¿No pensó en escribir un libro sobre Sarmiento y cuál es la opinión de Andrés Rivera sobre Sarmiento?

AR- Sarmiento aparece al sesgo, particularmente en el Farmer, cuando Rosas dice, palabras más, palabras menos, “tenemos la misma sangre”. Sarmiento es, ustedes lo conocen, el impulsor de la escuela laica, uno de sus grandes hechos, pero Sarmiento es también el autor de esta frase: Mate a los gauchos que su sangre es barata. Claro, Sarmiento pensaba en la granja norteamericana, no en la subordinación de la Argentina a Norteamérica, sino en convertir a la Argentina en la graja Norteamericana, con todos los adelantos que tendría para Sarmiento una granja Norteamericana.

LAT- ¿Y como escritor?

AR- ¿Qué quiere que le diga, qué es Homero? Va a ser muy difícil igualar un libro como Facundo, escrito en el siglo XIX y a las corridas en Chile. Eso hizo Sarmiento, una hazaña épica de la escritura Argentina. Hoy puede llamársela así, la mejor novela del siglo XIX de la Argentina.

LAT- ¿Cuál es su mejor libro y por qué?

AR- Y… si tengo que decirle algo, puedo decirle dos cosas; el próximo, o La revolución es un sueño eterno. El próximo está ya entregado a la editorial y se titula Traslasierra. Es la historia de uno de los jefes de la Colonia Dignidad, un enclave en el sur de Chile dominado por los nazis. Cuando entra a Varsovia, como oficial del ejército Nazi, pasa por el ghetto judío, y ve a una espléndida muchacha y se la lleva. La muchacha se llamaba Rebecca, un nombre judío al mango. La lleva a París y no es un motín de guerra, es su mujer. Luego, cuando el ejército rojo derrota a los nazis él no lleva a cabo lo que hicieron muchos altos oficiales: suicidarse. Cuando un capital de la SS lo incita al suicidio, él lo mata, así de simple. Luego de un viaje bastante azaroso, llega a la Colonia Dignidad, y ahí se casa con una enfermera alemana que ha cuidado de la Rebecca niña, la hija que tuvo con la judía que se llevó a parís. Y buena parte de la novela gira en torno de esta muchacha mientras el protagonista envejece. Escribí Traslsierra con los dientes apretados y tuve que ir al dentista porque se me partió un diente, y no es chiste. Porque no había, no hay un solo personaje con el que yo simpatizara. En La revolución es un sueño eterno está Juan José Castelli, con quien sí simpatizo. Si usted quiere, en El Farmer también hay puntos de contactos, y eso que Rosas no me simpatiza: Cuando escribí El Farmer, yo ya era un hombre viejo, y Rosas de El Farmer también. Rosas de El Farmer, estaba solo, Manuelita, su hija, lo abandonó cuando llegaron a Inglaterra y se casó con su eterno pretendiente. Y además él estaba solo, solo de toda soledad, y yo también. Es decir, en un país como este que vive desde el golpe militar la anomia política, en un país que vio desaparecer a 30.000 argentinos, yo me siento muy solo.

LAT- ¿Qué admira de Onetti?

AR- Es como si usted me preguntara… pero, detesto la palabra “admiración”, pero es como si usted me preguntara acerca de Faulkner. De Onetti se puede aprender a escribir. Y ahí está su literatura.

LAT- ¿Por qué estructuró de esa manera El amigo de Baudelaire?

AR- Por que estaba y estoy en proceso de aprender. No llega a las cien páginas El Amigo de Baudelaire. Estoy en proceso de aprender a escribir. No se rían por favor, que es verdad…

LAT- ¿Tras las sierras cuánto espacio tiene?

AR- Creo que tiene a máquina 130, 140 páginas… tendrá al imprimirse unas 120. Ocurre esto: Yo no escribo guías telefónicas.

LAT- ¿Cuál es el problema de las nuevas generaciones de escritores para usted?

AR- Un par de problemas. El primer problema es que el mercado del libro está copado por las grandes empresas españolas. De manera que quienes recién empiezan tienen muy pocas oportunidades, casi ninguna de acceder a ser publicados por esas grandes empresas. La segunda cuestión, por lo poco que yo he leído, de los nuevos autores es esta: son muy ignorantes.

LAT- ¿No hay esperanza?

AR- Sí claro que… tengo, te lo puedo regalar el copyright, tengo una frase que dice: “La esperanza se escribe en el agua”. Pero es cuestión de que aprendan.

LAT- ¿Tiene algún escritor joven de referencia qué lea?

AR- Fui durante 4 oportunidades jurado del concurso de novela de Clarín. Y en una de esas oportunidades yo voté por Leopoldo Brizuela. Inglaterra una fábula. Y salió premiado. Qué es hoy de Leopoldo Brizuela, no lo sé. No estoy denostándolo, digo que no supe nada más de él.

LAT- ¿Qué opina de Fogwill, Aira y Piglia?

AR- Yo he leído algunas cosas de Fogwill que me parecen muy interesantes. Más allá de las cosas que se dicen de Fogwill, a las que, a mi juicio, no hay que prestarles atención. Y a Aira no lo leí, escribe demasiado.

LAT- ¿Ese es un problema?

AR- Yo también escribo demasiado. Publicar demasiado no es un problema. Aira está favorecido porque lo publican… usted decide. A ver si este ejemplo le sirve: Yo siento un breve momento de perturbación cuando pongo el pie en una librería, porque me digo, al mirar los estantes, supongamos, cinco mil libros: “Yo no los voy a leer”. Bueno, decidí no leer a Aira.

LAT- Para la última pregunta, voy a citarlo a usted mismo: “¿Qué revolución compensará las penas de los hombres?

AR- Contéstela.

2 comentarios:

Sergio Francisci dijo...

Hemos cruzado palabras.
Gracias.
Un saludo
Una reverencia

Sergio Francisci
Fracasador Ilustrado

Clelia Bercovich dijo...

La entrevista no tiene desperdicio, Andrés Rivera es en ella tan original y contundente como cuando escribe. Desde las primeras líneas de "La revolución...se nota esa contundencia Las preguntas y las respuestas atrapan

Una entrevista para seguir y seguir leyendo...

Gracias Aldo Luis Novelli!!!

Clelia Bercovich

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