EDITORIAL

Cuentos completos de Fogwill parece perfilarse como uno de los libros del año, así como también es todo un acontecimiento literario el hecho de que se reedita la obra de Felisberto Hernández. Pero no se puede dejar afuera de estos hechos sobresalientes la edición El paisaje en las nubes, las últimas crónicas de Roberto Arlt. Todos estos libros fueron reseñados en este número, que seguramente será el último número del año (digo "seguramente" porque con LAT nunca se sabe).
Felices fiestas, la casa está en desorden.
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Juan José Burzi

KJELL ASKILDSEN, EL GENIO QUE VINO DEL FRÍO

KJELL ASKILDSEN, EL GENIO QUE VINO DEL FRÍO



Hace unos diez años, a finales de los 90s, encontré en una mesa de saldos un libro gris, con una foto blanco y negro con cuatro cabezas de conejos cuyos ojos estaban pintados de rojo. Era de la editorial española Lengua de Trapo. El libro se llamaba Un vasto y desierto paisaje. El autor, Kjell Askildsen. En la solapa del libro algunos datos me llamaron la atención: era un autor noruego, solamente había leído a Knut Hamsun de esa nacionalidad; su primer libro fue prohibido en su ciudad natal por "inmoral"; y era la primera vez que una obra suya se traducía al español. En la contratapa, se lo emparentaba con Hemingway, Carver, Kafka, Beckett y Camus. El libro no era caro. Lo compré. Fue el primer paso a una adicción que me trajo bastantes angustias.


Encontré 7 pequeños universos, joyitas literarias donde el incesto, la soledad, la incomunicación, la amargura, la soledad nuevamente, la ironía, el humor negro y más soledad eran las temáticas principales de los cuentos. Eran relatos escuetos, áridos, donde no se dice mucho del aspecto físico de los personajes, no se amueblan las habitaciones, no hay descripciones. En una entrevista (una de las pocas que concedió a un medio de lengua castellana) dice que cuando escucha que sus cuentos son "minimalistas" “Tal vez sea lo que más me irrita. Puede que haya colecciones de poesía que encajen dentro de una denominación de ese tipo, en las que no pone nada de nada. Pero yo no soy para nada minimalista, si lo dicen, protesto. Nunca escribo menos de lo que tengo que escribir.

Quise encontrar todo lo posible de Askildsen, y luego de buscar y buscar por internet contacté a una persona que tenía otro libro de Askildsen, tambien de relatos: Los perros de Tesalónica, libro que esa persona amablemente me fotocopió. Otros 7 cuentos de similares características a los de Un vasto y desierto paisaje, solo que en esta ocasión cuentos como Los perros de Tesalónica o El rostro de mi hermana, ponen el incesto (o su fantasía) en un primerísimo plano. El sexo tiene una presencia más fuerte que en el libro anterior.
Con los meses, contacté a un integrante del departamento de prensa de Lengua de Trapo en España y logré que me enviara los dos libros que me faltaban conseguir del noruego: Desde ahora te acompañaré a casa y Últimas notas de Thomas F. para la humanidad. Desde ahora te acompañaré... son 11 cuentos donde Askildsen no se aparta de su temática ni de su tono entre desolado y agrio. Estos son relatos de su primera época, y en algunos casos los cuentos son un poco menos económicos de palabras, pero en escencia se nota que Askildsen fue el Askildsen que conocí desde el principio. Otra característica de este libro es que hay más personajes adolescentes.

Últimas notas de Thomas F. para la humanidad es el mejor de todos sus libros (o al menos, de lo que hay traducido). Son 10 relatos super breves cuyo protagonista es Thomas F., un anciano de "ochenta y muchos" que encuentra en todo lo que lo rodea motivos para tener pensamientos como "Ay, el mundo cambia, pensé. Y se extiende el silencio. Es hora ya de morirse." o "Me limité a sacudir la cabeza inexpresivamente, ya hay demasiadas palabras en circulación por el mundo." Últimas notas... es realmente una pequeña obra maestra, la vejez retratada de una forma tan palpable que no es difícil imaginar que así será si llegamos a los ochenta años. La amargura de un hombre que hace años no ve a su hija preferida, que cuando se junta con su hermano inevitablemente terminan diciéndose cosas hirientes, que durante días no sale de su casa y que detesta a todo ser humano que se cruza. Como si eso no fuera poco, en el mismo libro vienen dos cuentos "largos" (para lo que es Askildsen): Carl Lange y Un repentino pensamiento revelador. Desgarradoras variaciones de la soledad. Como si con Thomas F. no hubiéramos tenido suficiente.

No hay más libros traducidos por Lengua de Trapo, y Debolsillo juntó tres de estos libros en un solo volumen (sí, a no alegrarse: hice averiguaciones y por ahora Askildsen no será editado en Argentina) Nació en 1929, si hacemos cuentas vemos que tiene 80 años y 14 libros publicados. Publica cada cuatro o cinco años, y su último libro Todo como antes fue editado en 2008. Tendremos que esperar dos o tres años más, si el tiempo no nos gana antes.











CUENTOS COMPLETOS, (de Fogwill) por Ariel Gamarra

CUENTOS COMPLETOS
de Fogwill
Alfaguara, 2009
por Ariel Gamarra





"La de Fogwill es una inteligencia superior, y por lo tanto un poco inhumana(...)" afirma Daniel Link en la contratapa del libro. Por obsecuencias por el estilo, es común acercarse a la obra de algunos autores argentinos con cierta reticencia. Hay que sumar a esto las declaraciones entre sensacionalistas y un poco lamentables del propio Fogwill, declaraciones que muchas veces son "entendidas" o "minimizadas" a la luz del personaje que, según dicen, él busca crear. Pero como decía alguien, a un escritor hay que juzgarlo por lo que escribe y no por lo que dice.


Y Fogwill escribiendo es uno de los autores más importantes de nuestro panorama literario actual. Autor de las novelas Los Pichiciegos y Vivir afuera, a esta altura dos clásicos de la literatura argentina, y también de algunos chistes del chicle Bazooka, otro clásico vernáculo y trasandino, nos presenta aquí sus Cuentos Completos.

Si bien Cuentos Completos contiene 21 relatos escritos con diferentes estilos y enfoques, en todos y cada uno de ellos se puede oír la voz de Fogwill. En una entrevista que dio al diario Crítica el 12/9 responde, cuando se le pregunta por esta "voz": "(...)Yo nunca lo supe. No es un tono, no es una conciencia que siempre habla con la misma voz. Siempre pensé que tenía que ver con algo que tuve, o debo seguir teniendo, una forma parecida a la epilepsia.(...)" Y muchos cuentos de Fogwill se asemejan más a eso que a un simple relato: una conciencia que siempre habla con la misma voz.

En estos Cuentos Completos hay cuentos que dan cuenta de diversos momentos políticos, desde los 70s hasta los mismos 90s : entre estos podríamos citar a Help a él, que es un espejo sádico y alucinógeno de El Aleph, y un juego intertextual con el cuento de Borges y de fondo, lo que iban a ser los 90s; La cola trata sobre el día de la muerte de Perón, Dos hilitos de sangre es la representación un tanto surrealista de una sociedad exasperada, y así podríamos seguir nombrando varios cuentos más que se sostienen desde lo político o que transversalmente lo tocan. También hay cuentos que más allá de todo análisis, son de lo mejor que se ha escrito en las últimas décadas: Camino, campo,lo que sucede, gente es uno de ellos. Una joyita cuya trama se apoya en lo cotidiano. Japonés, un cuento que casi inadvertidamente se convierte en un relato de fantasmas; Cantos de marineros en las pampas, Memoria de paso... y la lista podría seguir.

Por último, dos detalles sobre los cuales llamar la atención: el Prólogo escrito por Gandolfo, breve pero contundente. Y un cuento inédito de Fogwill, Otra muerte del arte.












EL PAISAJE EN LAS NUBES, (de Roberto Arlt) por Diego Gentile

EL PAISAJE EN LAS NUBES
de Roberto Arlt
Fondo de Cultura Económica, 2009
por Diego Gentile




Y cuando creíamos que todo lo escrito por Roberto Arlt estaba disponible... el Fondo de Cultura Económica edita El Paisaje en las Nubes. Un volumen de más de 700 páginas, que contiene 236 crónicas escritas por Roberto Arlt entre 1937 y 1942, para el diario El Mundo. En otras palabras: la recopilación más completa y quizá definitiva de los artículos que publicó Roberto Arlt en sus últimos años de vida.
¿Qué clase de artículos hay en El paisaje en las nubes? De todo un poco, Arlt no le temía a nada, y no estamos descubriendo la pólvora con esta afirmación. Desde artículos donde maravillosamente trata a famosos criminales (Al capone, a Hines, al fiscal Dewey que los combatió), también el problema de la sequía en Santiago de Chile (los 8 artículos de El infierno Santiagueño), su "devoción" por el cine, el descubrimiento de petróleo en Río Cuarto y alguna que otra extravagancia que él consideraba digna de ser tenida en cuenta.

Sin embargo, muchos de os artículos que componen El paisaje en las nubes están relacionados con la política internacional, más específicamente hablando, con la Europa de preguerra, con la ascensión de Hitler al poder, la consolidación del partido Nazi, el accionar de los demás países europeos, y la situación privilegiada de Argentina en esos años y en un futuro próximo (que él no llegó a ver: murió en1942)

Temo sonar reiterativo con esto, ya lo han dicho y lo seguirán diciendo otros especialistas en su obra: Arlt era un visionario. Sus inquietantes aciertos en lo que se refiere a Europa y, por ende, al mundo entero; las atrocidades de la guerra, la lectura entre líneas de los discursos de las fuerzas alemanas... en muchos casos, daría la sensación de que estas crónicas fueron escritas sabiendo lo que sucedería luego.

Sería interesante plantear una lectura de alguno de estos artículos como material bibliográfico en las escuelas secundarias. Una mirada contemporánea y lúcida de lo que se aproximaba. Con seguridad despertaría más entusiasmo que rechazo entre los alumnos descubrir al Roberto Arlt de las crónicas. Y eso por una razón que hasta ahora he pasado por alto: el estilo en el que están escritos estos artículos hace que los mismos sean leídos uno atrás del otro sin aburrimiento ni cansancio. También ayuda la extensión: no más de tres carillas en su mayoría, obviamente, una extensión propia para un periódico. El libro tiene 758 páginas, imposible leerlo en un día, pero sí en una semana. Sólo hay que dejarse llevar.

Muy interesante el Prólogo de Ricardo Piglia, un especialista en la obra de Roberto Arlt, y también la Introducción de Rose Corral, quien además estuvo a cargo de la edición de este volúmen. Leyendo tanto el Prólogo como la Introducción tenemos un anticipo de lo que leeremos, y lo que es más importante, un panorama de la vida de Roberto Arlt en esos, sus últimos años de vida.
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FARABEUF, (de Salvador Elizondo) por Grazia Depenna

FARABEUF
de Salvador Elizondo
Fondo de Cultura Económica, 2004
por Grazia Depenna




Salvador Elizondo fue un importante autor mexicano de vanguardia, y su novela Farabeuf o la crónica de un instante se nos presenta como un enigma de gran complejidad, tanto en su argumento como en las innovadoras cuestiones de estilo.


La lectura de este libro es trabada, y resulta difícil para el lector saber de qué va la trama, hasta que poco a poco (y dependiendo de la habilidad del lector) las piezas comienzan a encajar. Se parte de una obsesión sexual que la pareja protagonista del libro desarrolla después de encontrar la fotografía de un prisionero sometido al tormento chino ó Leng'tche, por lo cuál acuden a la casa en parís del Doctor Farabeuf, un cirujano cuyos intereses son las amputaciones, la tortura y la fotografía.

Todo el tiempo la obra gira en torno a varios instantes, que se reiteran y reconstruyen varias veces en cada capítulo, añadiendo reflexiones, cuestionamientos y describiéndolas de diferentes formas, creando una prosa obsesiva y ezquizofrénica, con un sinfín de posibilidades de interpretación, en ocasiones contradictorias. Se trata, por donde se le vea, de una obra siniestra que explora las relaciones entre el dolor y el horror con el sacrificio ritual, la divinidad y la eternidad, y además un reto tremendo que trastocará la mente de quien se atreva a adentrarse en las oscuras profundidades de esta pequeña obra maestra.

Este libro no es fácil de conseguir, el Fondo de Cultura Económica lo reeditó en 2004, con motivo de sus 70 años de existencia, en una edición especial. Entiempos de internet, nada es imposible de conseguir. Sólo resta que usted se decida.




LAS HORTENSIAS Y OTROS RELATOS, (de Felisberto Hernández) por Leonardo Vascal

LAS HORTENSIAS Y OTROS RELATOS
de Felisberto Hernández
El cuenco de plata, 2009
por Leonardo Vascal



Felisberto Hernández fue, durante años, un autor de culto. Un poco porque no era muy conocido por muchos, otro poco porque conseguir un libro de él era algo prácticamente imposible. Daba vueltas una edición llamada El cocodrilo y otros cuentos editada por Centro Editor de América Latina, alguna que otra edición de Arca, la editorial Uruguaya, y nada más. Afortunadamente, se dio una coincidencia editorial aplaudida por todos los que estaban deseosos de leer al gran Felisberto: la editorial Eterna Cadencia y El Cuenco de Plata editaron dos volúmenes de cuentos de Felisberto Hernández. El libro editado por El Cuenco de Plata, que es sobre el que vamos a hablar, tiene de movida dos o tres particularidades que valen la pena destacar: la primera de ellas, el texto Carta en mano propia de Julio Cortázar, donde el autor de Rayuela dice cosas como "(...)pero me pregunto si muchos de los que en aquel entonces (y en éste, todavía) te ignoraron o te perdonaron la vida, no eran gentes incapaces de comprender por qué escribías lo que escribías y sobre todo por qué lo escribías así, con el sordo y persistente pedal de la primera persona, de la rememoración obstinada de tantas lúgubres andanzas por pueblos y caminos, de tantos hoteles fríos y descascarados, de salas con públicos ausentes, de billares y clubes sociales y deudas permanentes.(..)" o "(...)Siempre sentí y siempre dije que en Lezama y en vos (y por qué no en Macedonio, y qué hermoso saberlos a todos latinoamericanos) estaban los eleatas de nuestro tiempo, los presocráticos que nada aceptan de las categorías lógicas porque la realidad no tiene nada de lógica, Felisberto, nadie lo supo mejor que vos a la hora de Menos Julia y de La casa inundada.(...)"

La otra particularidad es que en este volumen se publican tres relatos que apenas habían sido reeditados luego de la muerte de su autor: Las Hortensias (60 páginas, casi una nouvelle), El árbol de mamá y Úrsula. Indispensables para entender el universo completo de Felisberto, en estos relatos hay una mirada a la religiosidad y a la sensualidad que no es tan evidente en otros relatos. Tal vez (o con seguridad) por eso fueron"censurados" por los herederos de Hernández.

La última particularidad es el evidente cuidado que puso Edgardo Russo, Director Editorial de El Cuenco de Plata, en editar este libro. Si no hubiera sido por su celo, quizá los tres relatos anteriormente citados aún permanecieran en la gris tierra de la leyenda. Por otro lado, el mismo Russo advierte en la nota editorial del libro que al escoger los relatos, no "obedeció a un criterio cronológico sino más bien tonal, procurando que la antología diera cuenta de los matices de una obre verdaderamente atípica." Y al leer el libro, esto que se aclara es inmediatamente advertido.

Resta decir que los relatos de este libro pertenecen, en su gran mayoría, al terreno de lo fantástico, y que es en este terreno donde mejor se mueve Felisberto. (Destacan El acomodador, El balcón, La mujer parecida a mí, La pelota y Úrsula). La obra de Felisberto es una de la piezas más difíciles de ubicar en ese inmenso rompecabezas que es la Literatura Latinoame-ricana. Hecho que de por sí mismo vale la pena para no demorar más en ir a buscarlo en la librería.

CUENTOS REUNIDOS, (de Felisberto Hernández) por Marcelo Guerrieri

CUENTOS REUNIDOS
de Felisberto Hernández
Eterna Cadencia, 2009
por Marcelo Guerrieri



“Juego, ritual y extravagancia” en “Cuentos reunidos” de Felisberto Hernández
Encontrarse con los cuentos de Felisberto es ingresar a micromundos extravagantes, poblados de personajes entrañables que nos extienden la mano y nos invitan a participar de un juego con sus reglas propias y originales. Una lógica extraña, que no se constituye por oposición a la burguesa (al estilo del poeta maldito que vomita su condición de outsider); sino que se instala por derecho propio y en la que los personajes tanto padecen, como disfrutan, las opciones inquietantes y maravillosas que esa postura personalísima les abre. Así, en El acomodador, Menos Julia y La casa inundada los protagonistas se atienen a reglas complejas creadas por ellos mismos donde los objetos y las personas participan en un mismo plano de una exploración de los sentidos, exorcismo y ampliación de la conciencia.

En El acomodador un hombre que ha desarrollado la capacidad de ver en la oscuridad siente “lujuria de ver” dentro de una sala con vitrinas cargadas de objetos relucientes —abanicos con lentejuelas, piedras preciosas, un chino con cara de nácar—; echado sobre un colchón en el piso, lanza la luz que sale de sus ojos mientras una sonámbula atraviesa la sala cargando un candelabro. El personaje de Menos Julia, por su parte, es un comerciante obsesivo que hace que le dispongan objetos en un túnel oscuro; allí tantea e intenta adivinar lo que le han puesto —una cáscara de zapallo, zapatitos de niño, un pollo pelado…— junto a cuatro mujeres —empleadas suyas— hincadas en reclinatorios cuyos rostros recorre con las manos pensando que no las conoce. La viuda de La casa inundada vive en una mansión que ha hecho inundar; allí se entrega a la “religión del agua”, que incluye un ritual periódico: desde su cama flotante suelta veintiocho budineras con velas encendidas; hace sonar un gong y las budineras se agitan con una corriente generada por motores.
Lo que subyace a estos tres juegos, mas que el universo infantil, es la configuración del ritual: en el sentido psicológico, ligado a la personalidad obsesivo-compulsiva del personaje de Menos Julia; en el sentido místico, en El acomodador, como pasaje desde lo profano (la angustia cotidiana) hacia lo contemplativo dentro del espacio sagrado de la sala con vitrinas; y en el sentido antropológico, de rito compartido por esa comunidad formada por los habitantes de La casa inundada.

La forma particular en que se mezclan realidad y fantasía en la obra de Felisberto puede leerse en su breve manifiesto estético Explicación falsa de mis cuentos. En el título mismo de este manifiesto hay otra clave para entender su obra: el manejo de la ironía y el humor, que es central en El cocodrilo. Nadie encendía las lámparas participa de un aire de familia, sobre todo en el ambiente, recurrente su obra: salones antiguos, mansiones señoriales, miembros de la alta sociedad a los que un artista viene a entretener. En este caso el personaje narra un cuento en un salón y toca el piano. Resuena aquí la vida del autor, quien además de escritor, era músico, destacado intérprete del piano.[i]

Durante buena parte de su vida se ganó el sustento dando conciertos en pueblos de provincia de su Uruguay natal, Brasil y Argentina. A los catorce años cruza la cordillera de los Andes a pie junto a un grupo scout (anécdota que evoca en Tierras de la memoria); a los nueve estudia piano con una profesora llamada Celina (presente en El caballo perdido), luego armonía y composición con un profesor homónimo al personaje de Por los tiempos de Clemente Colling. Hacia 1940 abandonó la música y se dedicó exclusivamente a la escritura. Muere en 1964, a los 62 años de edad, dejando una obra única en su estilo. En palabras de Italo Calvino “un escritor que no se parece a ninguno: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latino-americanos, es un “irregular” que escapa a toda clasificación y encasillamiento pero se presenta como inconfundible con sólo abrir la página”.

Los cuentos que completan esta edición de Cuentos reunidos (Tierras de la memoria, Por los tiempos de Clemente Colling y El caballo perdido) exploran un tema central en su obra: la materia del recuerdo y la memoria.
Los recuerdos son una masa que Felisberto manipula con maestría; en esa masa se entremezclan imágenes del pasado que se reelaboran y refluyen constantemente mostrando caras nuevas. El tema de la memoria se despliega como improvisaciones virtuosas, variaciones sobre un modelo que se repite. Así, los recuerdos: llegan como “la visita de una vieja amistad que recibiera cada mucho tiempo”; son como “hilos que se alargan hacia el futuro”, o como un insecto de la noche “que ha salido de la sala para recordar” y luego “se posa en el borde del presente”.
Lo extraño, que atraviesa la casi totalidad de estos relatos, se encuentra con la realidad cotidiana en un mismo plano. Lo fantástico, no se presenta como alimaña que acecha el orden cotidiano, ni como elemento maravilloso que se instala en el terreno del delirio, sino como participante de una realidad ampliada, asombrosamente verosímil en su extravagancia. Parafraseando a la viuda de

La casa inundada —cuando se refiere al intento del agua por comunicarse con ella— la sensación fantástica en Felisberto es como “una niña que no sabe explicarse” y que sin embargo insiste una y otra vez, y logra hacerse entender en su media lengua de insinuaciones y sonrisitas.





[i] Los datos biográficos han sido extraídos de la página oficial de la Fundación Felisberto Hernández http://www.felisberto.org.uy/ . Además de su bibliografía y biografía completa allí se pueden encontrar ensayos críticos sobre su obra, fotografías, recortes de diario, videos de adaptaciones de sus cuentos, manuscritos (algunos en un complejo lenguaje taquigráfico) y canciones de su autoría que pueden escucharse on-line.

Referencias Bibliográficas
Hernández, Felisberto, (2009) “Cuentos reunidos”, Editorial Eterna Cadencia, Buenos Aires.
Lévi-Strauss, Claude, (1972) “Antropología estructural”, Editorial Eudeba, Buenos Aires.
Eliade, Mircea, (1998) “Lo sagrado y lo profano”, Editorial Paidós, Madrid.
Calvino, Italo, (1974) prólogo a “Nadie encendía las lámparas”, Editorial Enaudi, Torino.
Todorov, Tzvetan, (1982) “Introducción a la literatura fantástica”, Editorial Buenos Aires.
Cortázar, Julio, (1969) “Sobre el cuento breve y sus alrededores” en “Último round”, Editorial Siglo XXI, México.

EL OTRO LADO, (de Jorge Consiglio) por Federico Rodriguez

EL OTRO LADO
de Jorge Consiglio
Edhasa, 2009
por Federico Rodriguez



En El otro lado, libro de cuentos de Jorge Consiglio, el lector se encuentra con diferentes historias que tienen, en su mayoría, un denominador común: son personas desamparadas. Algunas, a causa de sus propias acciones, otras, a causa de la fatalidad. Fatalidad que, en los cuentos de Consiglio, no es nunca estruendosa o sobredimensionada; es solamente algo que les acontece a los personajes y que les resulta inútil intentar evitar.

Los cuentos están divididos en dos secciones: La posibilidad de la derrota y La verdad de los otros. En la primera sección los personajes están relacionados con con el crimen, con lo ilegal. Ya sea un proxeneta, un falsificador o un joven devenido en asesino. Los cuentos de La verdad de los otros, la segunda parte, resulta más interesante que la primera: trata sobre historias casi minimalistas, donde su ámbito es el privado: un paralítico, una mujer cuadripléjica... diferentes miradas a la enfermedad, y, esencialmente, al alma de los personajes.

Algunos relatos (Sangre en la boca, Mi amigo el árabe) se quedan en la formalidad del cuento clásico y no se adentran lo suficiente en los personajes como en otros relatos. En estos casos, el cuento está depende demasiado en el final, sorpresivo, lo cual en vez de agradar, hace que el lector se irrite. A esta altura leer un cuento (y también escribirlo) cuya única intención es la de sorprendernos, es abusar del tiempo del amable lector.

Los personajes de Consiglio, cabe agregar, además de desamparados son perdedores. Buenos perdedores, porque apenas esbozan algún gesto de rebelión a ese destino gris y anónimo al que están destinados casi desde la primera palabra del relato.

Deudor del espíritu de la obra de Juan Carlos Onetti, no así de su estilo literario, Jorge Consiglio con El otro lado entrega uno de los libros de cuentos más contundentes de lo que va editado en el año.


SOFÍA KOVALÉVSKAIA 1850-1891, (de Ada Korn) por Leonardo Vascal

SOFÍA KOVALÉVSKAIA 1850-1891
de Ada Korn
Ada Korn, 2009
por Leonardo Vascal



Este voluminoso libro (430 páginas) es, en realidad, dos libros: Memorias de infancia, libro escrito por la matemática rusa luego devenida en escritora Sofia Kovalévskaia. Este libro, tal como lo demuestra su título, trata sobre la infancia de la matemática rusa entre los años 1850 a 1891. Sofía fue una de las primeras que luchó por los derechos de la mujer para realizar estudios en pie de igualdad que los hombres. Se doctoró en Matemáticas y dictó clases en Estocolmo. Las Memorias de infancia está escrito con un estilo transparente y simple. Otra virtud del libro: leerlo es (metáfora utilizada por Ada Korn) espiar por la cerradura el siglo XIX en Rusia. Imperdible el capítulo donde cuenta su encuentro con Dostoievski.

Pero dijimos que eran dos libros en uno. ¿Cuál es el segundo? El que fue escrito por otra matemática, Ada Korn, dueña de la editorial que lleva su propio nombre, quien decidió tomar el toro por las astas y nos deleita con la vida adulta de Sofía Kovalévskaia. También es importante la pintura de la Rusia de antaño que hace Ada Korn, el sorprendente buen pulso que tiene para la literatura quien fue matemática, lectora y editora, pero nunca había publicado un libro (ignoramos si tiene algo inédito). Como contagiada por el estilo ameno y envolvente de Sofía, la autora continúa adelante con un libro que, ya lo dijimos, a pesar de ser voluminoso no se puede abandonar hasta terminarlo.

El Apéndice consta de textos inconclusos, artículos periodísticos y poemas que enriquecen y terminan de complementar lo que se leyó.

Este libro, lamentablemente no se encuentra en cualquier librería. Se puede comprar vía mail (buscar la editorial por internet) o en la librería El Ave Fénix (Av.Pueyrredón 1753 - Tel: 4825-3627 ) Un libro atípico, escrito por dos mujeres atípicas. Por último, Sofía Kovalévskaia también puede ser considerado un libro de historia, pero por supuesto, infinitamente más divertido y mejor escrito.


AQUÍ TAMBIÉN HAY DIOSES. (de Marcelo Alejandro Alonso) por Federico Rodriguez

AQUÍ TAMBIÉN HAY DIOSES
de Marcelo Alejandro Alonso
Editorial Biblos, 2009
por Federico Rodriguez




Aquí también hay dioses consta de tres partes. La primera, titulada Con Freud, trata acerca del descubrimiento de Freud, de su vida y sus relaciones con sus pares científicos. También están presentes las diferentes teorías psicoanalíticas y su relación con la sociedad de esa época y, obviamente, con el pensamiento científico de esa época. Vale destacar lo bien organizada que está la información que rinde cuenta de la internas y de las idas y vueltas que hubo desde los mismos orígenes del movimiento psicoanalítico, con citas y fuentes verificables que pueden, si el lector lo desea, abrir diferentes caminos de lectura específica.


La segunda parte del libro se titula Desde Lacan y trata sobre la escuela francesa de psicoa-nálisis, la mirada de Lacan, las innovaciones. También abarca la muerte de Freud y el desconcierto que se originó entonces y toca la consolidación del psicoanálisis como doctrina científica. Desde Lacan es una mirada diferente a Lacan y a la repercusión y crecimiento que tuvo en francia, donde también se habla de Melanie Klein, Marie Bonaparte y otras figuras del psicoanálisis de la época.

En Epílogo, la última parte del libro, desfilan los nombres de Nietzsche, Lao Tse, Heidegger, mitología y filosofía India, Heráclito, entre otros. En las otras secciones del libro estos nombres (y muchos otros relacionados con la cultura y la filosofía, como por ejemplo Hegel, Shakespeare, Empédocles y varias decenas de personalidades más) también surgen, son citados y comentados, pero en Epílogo es en donde hay un "redondeo" y a la vez una exploración, si se permite la paradoja, de lo que se estuvo hablando en el libro, bajo la luz de estas filosofías.

Aquí también hay dioses obtuvo el Premio del Régiman de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial, Fondo Nacional de las Artes, 2007, con un jurado integrado por Martín Kohan, Jorge Monteleone y Oscar Steimberg. Es un libro de fácil lectura,ameno y ágil. Pero vale aclararlo: cuanto más conocimientos previos se tengan de filosofía, literatura y, obviamente, de psicoanálisis, más se podrá disfrutar en cada cita y mención cultural que se hace. Aquí también hay dioses es un libro donde se alcanza un equilibrio difícil de lograr, por un lado la erudicción cultural y por otro el disfrute que lleva leerlo.


POE.UNA VIDA TRUNCADA, (de Peter Ackroyd) por Damián Lorenzo

POE, UNA VIDA TRUNCADA
de Peter Ackroyd
Edhasa, 2009
por Damián Lorenzo





Notas sobre Poe, una vida truncada de Peter Ackyord.


* Me advirtieron que este libro no era el mejor estudio de la vida de Poe, dado que no era el más riguroso ni el más novedoso. Sí funcionaba como una buena obra introductoria para saber sobre su vida. Me acerqué al libro con cierto prejuicio. Me sorprendí.

* El libro consta de once capítulos donde la cronología está un poco trastocada (a veces se lee en un capítulo una situación o momento en la vida de Poe sobre el cual ya habíamos leído antes y el cual supuestamente había quedado atrás en el tiempo) pero que son claros y no abruman de datos superfluos o un tanto inútiles, como a veces se encuentran en este tipo de biografías.

* Hay desmitificaciones que los estudiosos de Poe saben correctas, y otras afirmaciones un poco dudosas. Por ejemplo, el autor sostiene que Poe no padecía de Dipsomanía (o sea, no se emborrachaba con apenas uno o dos vasos de alcohol) y que Poe disfrutaba del alcohol que ingería. Hay escritos del propio Poe donde deja constancia de lo poco que le gustaba beber y del rechazo que le provocaba el alcohol (lo que no impedía que tomara hasta perder el conocimiento).

* Los detalles de su labor como colaborador y editor de las diferentes revistas literarias donde se desempeñó son correctas, si bien no demasiado detalladas. A favor se puede decir que los testimonios y las anécdotas elegidas son, entre las que se conocen, los más acertados.

* “El hombre que nunca sonreía” se titula un capítulo, y tal vez podría haberse titulado así el libro. Sin caer en melodramatismos, ni en lugares comunes, Ackroyd nos ilustra la desventura de la vida de este inmenso escritor.

* Las 22 ilustraciones y fotos que trae el libro en sus páginas centrales son de una excelente calidad (como lo son la mayoría de las ediciones de Edhasa) y sirven para conformar el fresco de la vida de Poe.

* Los últimos años de Poe están muy documentados, hay algunos datos novedosos (quién lo encontró, sus días en el hospital) y gracias a la claridad estilística del libro podemos imaginarnos vívidamente esas últimas horas de su vida, o la misería que lo perseguía testaduramente.

* Sin la calidez afectiva de la “Vida de Edgar Allan Poe” que escribió Julio Cortázar como nota biográfica e introductoria a los volúmenes traducidos por él de sus Cuentos Completos, pero sí con un rigor similar en lo sintético y a la vez en los detalles, Poe, una vida truncada es más que una obra introductoria en Poe: es un libro necesario y a futuro indispensable para conocer la vida del “hombre que nunca sonreía.”
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EL PADRE DE UN ASESINO/ EL MALEFICIO/ LA ESTÉTICA NAZI

EL PADRE DE UN ASESINO
de Alfred Andersch
Editorial Norma, 2007

EL MALEFICIO
de Hermann Broch
Adriana Hidalgo, 2009
LA ESTÉTICA NAZI
de Éric Michaud
Adriana Hidalgo, 2009


Para abordar desde la literatura un momento histórico determinado, existen muchas maneras diferentes de hacerlo. Uno de los momentos históricos más dolorosos y abordados en la segunda mitad del siglo XX (y aún hoy en día) es el del fenómeno del nazismo. Ya sea por libros que se internaban directamente en los días en que el Reich estaba en su apogeo, o por libros que hablaban de la guerra. Otro abordaje posible: lo que sucedió después de la caída del nazismo al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Los tres libros que motivan este artículo poco tienen que ver con estos abordajes, sino que dos de ellos (El maleficio, de Hermann Broch y El padre de un asesino, de Alfred Andersch) se sitúan en el génesis del nazismo y otro (La estética nazi, de Eric Michaud) en los aspectos estéticos e ideológicos que, impuestos por la propaganda nazi, ayudaron a establecer la imagen del Führer.

El padre de un asesino es un libro de a momentos escalofriante. Basada en hechos reales, la acción del libro se lleva a cabo en un colegio de Munich y comienza exactamente cuando el director del establecimiento entra a una clase de griego para observar el desempeño del profesor y sus alumnos. El director del establecimiento es el profesor Himmler, padre de quien en poco tiempo sería dirigente nazi y organizador del genocidio judío.Vemos en el viejo profesor Himmler rasgos de crueldad y desprecio hacia los alumnos y hacia el profesor. Presentimos una familia terrible, rígida e inflexible. En un momento el narrador hace un salto hacia delante en el tiempo y habla de cómo fue despedido el cuerpo del viejo Himmler por su hijo, los honores que tuvo y lo mal que se llevaban hasta ese entonces. Casi sin referencias al nazismo (excepto sobre el final del libro), en este libro se puede apreciar el ambiente propicio para la figura de Hitler que reinaba en algunos sectores de la sociedad alemana antes de su surgimiento.


El maleficio es un clásico de la literatura, y tal vez el libro más reconocido de Hermann Broch junto a La muerte de Virgilio. Es la historia de un pequeño pueblo, que se ve revolucionado lentamente, por unos forasteros que llegan a él. Con mucho de esoterismo y de dosis de exquisita literatura, el mundo en donde nos interna Broch es el de los viejos rituales, las creencias en el poder de la naturaleza, y las raíces del mal. Promediando el libro Marius, que es el forastero que encabeza los pequeños cambios en el pueblo, muestra su piel de lobo y ordena, indirectamente, atacar a una familia de judíos. Esa familia es la única hostigada en toda la novela, pero alcanza y sobra para ilustrarnos sobre cómo actúa la locura fanática. (una comparación extemporánea: Marius actúa como lo hacía Charles Manson: no era partícipe de los horrores que promovía. Se mantenía al margen, e inclusive se llega a dudar, en un momento, si es realmente Marius el que promueve el clima de tensión y violencia que se va creando en el pueblo) Los mayores logros del libro residen en el hecho de que la discordia que logra establecer Marius entre los pueblerinos se motiva en la explotación de la montaña para la búsqueda de oro, pero sin embargo hay un trasfondo esotérico que habla de espíritus, cicladas y del poder, en su forma más pura y primitiva. Y todo esto narrado sin hacer siquiera alusión al nazismo ni a cuestiones raciales. Es otra forma de ver el “antes” del nazismo, que se diferencia de El padre de un asesino por su fuerte componente poético y por su puesta fuera de un período histórico reconocible.


Por último, La estética nazi. No hay mejor descripción dela obra que las palabras inciales e introductorias de su autor, Éric Michaud: “Quise más bien efectuar una suerte de recorrido por el interior del mito nazi, siguiendo las metáforas y sacando a luz una estructura.” En el libro se muestra cómo se pensaba y se deseaba dar a conocer Hitler. Su insólita pretensión de no ser un simple político, sino un artista y una especie de elegido, la maquinaria de la propaganda nazi que existía desde sus inicios, las similitudes de ciertos aspectos de la imagen del Führer con el mito cristiano (él se presentaba como el “Cristo alemán”), la funcionalidad de ciertos artistas y obras de arte para reforzar la imagen todopoderosa del dictador. En medio de todo esto, o mejor dicho, parapateado detrás de todas estas ideas y principios, emerge lentamente la concepción de la “pureza racial”. Sin ser ficción, este libro también atrapa al lector y le hace sentir el nerviosismo propio de quien sabe en qué terminó toda esa locura. Con más de cien ilustraciones (todas de muy buena calidad) este libro es uno de los más interesantes e innovadores acerca del nazismo que se ha traducido (fue publicado en francia en 1996) en los últimos años en Argentina.

Estos tres libros escapan, por diferentes motivos y características, de los lugares comunes con los que a veces nos encontramos, ya sea desde la ficción (el libro de Andresch y el de Broch) como desde la investigación (el de Michaud). Los de ficción no son panfletarios, al contrario, son más bien elípticos y sobre todo , están muy bien escritos. Y La estética nazi es, como ya se ha dicho, innovador desde su mirada y abre otro campo para intentar entender esa Edad Oscura que abrió el nazismo y que aún no queda bien en claro si se ha cerrado o no.
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PÁJAROS EN LA BOCA, (de Samantha Schweblin) CECA- por Diego Gentile

PÁJAROS EN LA BOCA
de Samantha Schweblin
Emecé, 2009
CECA- por Diego Gentile





En el país de los ciegos…
La mejor cuentista argentina, sin distinción de géneros” sentencia en la solapa del libro Ana María Shua. Expresiones como esta leímos muchas acerca de Samanta Schweblin, y la expectativa antes de leer su libro (ganador del premio Casa de las Américas) es importante. Sin embargo, Pájaros en la boca, no es el libro genial que se comenta. Es un libro correcto, escrito por una correcta narradora, hábil a veces, que sabe escribir y que conoce al dedillo algunas cuestiones prácticas sobre cómo escribir un cuento. En esencia, lo que se puede lograr después de cierto tiempo concurriendo a un taller literario.

Los mejores relatos del libro (que tiene 15 cuentos) son: Conservas, que trata sobre una inquietante forma de abortar; La furia de las pestes, breve, conciso, efectivo y hasta poético; Mi hermano Walter, un cuento que recuerda los buenos cuentos de Dino Buzatti, por el tono entre inocente y desentendido de lo que se está contando y Cabezas contra el asfalto, que es una historia sobre un desequilibrio mental/emocional, contada con inobjetable humor (negro) y de paso es también una ironía hacia el mundo artístico.

Luego hay un grupo de cuentos que pueden considerarse “correctos”, principalmente porque Samanta Schweblin sabe escribir, no hay palabras fuera de registro ni elementos innecesarios. Pero tampoco hay algo que los haga trascender más allá de un producto literario. El cavador, por ejemplo, tiene todos los elementos para ser un buen cuento, pero no lo es. Y no lo es porque el final se adivina enseguida y este cuento es de esos que se sostienen a partir del final. El significado o la “trama oculta” del relato, al igual que muchos cuentos de Schweblin- tanto de este libro como del anterior, El núcleo del disturbio- se deja a la libre interpretación del lector, lo cual es la forma más limpia y sencilla de no comprometerse literariamente. Algo similar sucede con Bajo tierra, que tiene todos los elementos para ser un típico cuento de antología, pero es una cáscara, en esencia no sucede mucho, no hay una verdadera apuesta literaria. Pájaros en la boca es otro relato “correcto”, un guiño al Cortázar de Carta a una señorita en París, donde la protagonista come pajaritos vaya uno a saber por qué. Otro guiño/homenaje/inspiración cortazariano es En la estepa, que remite a Cefalea, relato incluído también incluido en Bestiario. Como en otros casos, la sensación es que la autora podría y debería ir más a fondo con los cuentos. La medida de las cosas tiene un aire a algunos cuentos de Felisberto Hernández, a pesar de que sobre el final se cae en lo obvio.

Y también hay un grupo de relatos como Irmán, Mariposas y El hombre sirena que no destacan por nada, excepto por lo vacío de la propuesta (en contenido, significado, anécdota, lo que sea que se busque). Uno se imagina que son los típicos cuentos “de relleno” para poder llegar a x cantidad de páginas y calificar para un concurso (y ganarlo).

Especial malestar causan Última vuelta y Papá Noel duerme en casa, dos lamentables ejemplos del hastiador “punto de vista infantil”, de los cuales tenemos una extensa (e igualmente aburridora) tradición en nuestra literatura.

Redondeando, “la mejor cuentista argentina, sin distinción de géneros” es algo así como un buen producto de taller literario (algunos cuentos parecen, de hecho, haber sido concebidos como ejercicios o consignas), un tanto anclado en el tiempo por su estilo, con algún que otro relato que sobresale del resto y también de la producción de sus colegas generacionales. Con apenas dos libros editados, Samanta Schweblin ya tiene un estilo (bastante conservador) y un prestigio ganado. Cabe preguntarse qué se está escribiendo y editando para que un libro "correcto" y no más que eso sobresalga tanto.

PÁJAROS EN LA BOCA, (de Samanta Schweblin) CARA- por Marina Arias

PÁJAROS EN LA BOCA
Samantha Schweblin
Emecé
CARA- por Marina Arias





Los cuentos de Pájaros en la boca –segundo libro de Samantha Schweblin y Premio Casa de las Américas 2008– parecen jugar un “pan y queso” entre lo real y lo fantástico. Tanto por el equilibrio preciso que establecen mientras avanzan paso a paso entre esos dos universos como porque siempre uno de los dos campos de sentido termina cediendo bajo el pie del otro.
En una primera lectura –y sobre todo para quienes hayan leído El núcleo del disturbio (2002), primera publicación de la misma autora– los relatos de Samantha Schweblin pueden sonar kafkianos o evocar el onírico regusto de lo entendible en la filmografía de David Lynch. Y hasta en algún que otro momento pueden recordar al mejor Leo Mashlia, como es el caso de La medida de las cosas, un cuento en el que Enrique Duvel, una suerte de “Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia”, se aniña más y más –inclusive físicamente- instalado como una suerte de empleado en la juguetería del pueblo, hasta que su madre se lo lleva a los sopapos a su casa. Pero para una definición justa del libro debemos recurrir a un neologismo: son cuentos schweblinianos.

En ellos, por ejemplo, hay hijos que se transforman en mariposas libres a la salida de la escuela, algo que gracias a un manejo magistral de la construcción textual por parte de la autora resulta insólito, inexplicable y certeramente simbólico a la vez: al llegar a la última línea la sensación es epifánica.

El registro de Schweblin es frío. Los narradores, siempre distantes e imperturbables. Aún cuando se trate de un padre desesperado ante una hija adolescente que sólo se alimenta de pajaritos vivos.

Es que los personajes de esta escritora son siempre elementos de una trama, sin aparente capacidad de torcer su destino ni expresar su voluntad. Parecerían ser objetos en lugar de sujetos. No protagonizan. Son pura acción en la que no se trasluce biografía ni sentimientos.

En los cuentos de Pájaros en la boca, siempre hay algo que resulta rídiculo y profundamente sabio a la vez. Los matrimonios de En la estepa se instalan en un pueblo para conseguir algo que nunca se nos dice qué es pero que intuimos son niños, aunque las crípticas descripciones nos llamen a imaginarnos una suerte de liebres salvajes.
La protagonista de Conservas decide que ése no es su momento ideal para ser madre –un pensamiento común a todos los que alguna vez hemos traído hijos al mundo– y mediante un tratamiento se desembaraza. Literalmente.
Pájaros en la boca presenta temáticas clásicas a través de una literatura que siempre produce un extrañamiento familiar: una mujer se enamora fugazmente de un hombre sirena pero vuelve con su novio, un hombre que resulta ordinario y no parece tratarla demasiado bien. La idea es ridícula y sin embargo ninguna mujer podrá dejar de sentir un guiño cómplice con respecto a esa neurósis típicamente femenina que tantas veces nos obnubila.

Los relatos de Samantha Schweblin son escalofriantemente perfectos. Y Última vuelta parece ser la apoteosis del libro. En él se pone en palabras la muchas veces inasible asociación sintáctica de los sueños. Hay una calesita y la narradora es una nena, y hay una vieja, y una mantilla. Y en algún momento el texto quiebra, y mamá no está, y no sabemos si es pura angustia onírica puesta en relato o el registro de la terrorífica velocidad con que se nos pasa la vida.

CUENTOS BREVES, (de Rafael Barret) por Marina Arias

Cuentos breves
de Rafael Barret
Mil Botellas Grupo Editor, 2009
Por Marina Arias






La contratapa de los Cuentos breves de Rafael Barret, en esta nueva edición de Mil Botellas –la primera es de 1911 y uruguaya, en nuestro país el libro salió recién en 1932- cita una opinión que Borges soltó con respecto al autor: “... un gran escritor, espíritu libre y audaz”. Y resulta bastante difícil dar con una impresión más justa de este hombre, quien había nacido en España en 1876 pero se asumió escritor en los albores del SXX y en Paraguay. Atrás habían quedado una etapa como periodista en Buenos Aires y la fortuna familiar, heredada de su padre, miembro de la corona británica y de su madre, una aristócrata madrileña. Más lejos aún, sus estudios secundarios en Francia y su carrera de Ingeniería en nuestra madre patria. Su presente era la denuncia del trabajo esclavo en los yerbales a través de ensayos y artículos, ser perseguido y aferrarse a los ideales del anarquismo. Su futuro sería el destierro en Montevideo, la vuelta clandestina y una prematura muerte en Francia mientras intentaba desesperadamente escapar de la tuberculósis. Pero además, mientras vivía en forma tan intensa, Barret se las ingenió para escribir treinta y seis piezas maestras del relato breve.

La prosa es sobria, clara y ágil. “El banquero dio en el cigarro, para desprender la ceniza, un golpecito con el meñique cargado de oro y rubíes”, es, por ejemplo, la primera frase de La gran cuestión. Y El maestro, un relato en el que Barret –como si hubiera visionado los conflictos didácticos de nuestro SXXI- da cuenta del maltrato y las burlas que sufre un docente por parte de sus alumnos tiene este literariamente envidiable comienzo: “Por treinta pesos mensuales el señor cuadrado, a las cinco de la mañana incorporaba sobre el sucio lecho sus sesenta años de miseria y empezaba a sufrir”.

La temática de los Cuentos breves es surtida, pero siempre atrapante. Algún relato cuenta de la loquita de un pueblo que se enamora de un doctor recién llegado. Otro, de un amante que para ocultarse a los ojos del marido se sumerge en un estanque lleno de víboras. La muñeca, por su parte, nos trae a una princesita en busca de una nena pobre a quien regalarle una muñeca (y cualquier asociación con aquel slogan infame que rezaba “por los chicos ricos que tienen tristeza”, no es pura coincidencia...).

La bajada política de Barret es sagaz y llama a la polémica: “Eres despreciable y perverso. ¿Honrado tú, que has tenido en la mano la salud de tu mujer, la alegría de tus niños y has venido a entregármelas?”, increpa un ricachón a un infeliz que le demanda una propina por haberle devuelto la billetera en La cartera; mientras que en La madre sabemos de una pobre mujer que “en vez de dar el seno a su hijo, le dio las manos, sus secas manos de obrera; agarró el cuello frágil y apretó. Apretó generosamente, amorosamente, implacablemente. Apretó hasta el fin.”

Pero quizá lo más sorprendente en Barret sea la sensibilidad que alcanza a la hora de dar cuenta del mundo doméstico (“nuestro primogénito jugaba a nuestros pies, incapaz de enderezarse sobre los suyos, carnecita redonda, sonrosada y tierna, pedazo de tu carne”, “nuestra mesa no ostentaba vajilla de plata ni cristales tallados, pero las risas volaban libremente en la claridad del sol de enero”.) Y la belleza de su erotismo, tópico que visita en varios relatos (“la dulzura de tu piel languideció mi sangre” en ¿Recuerdas? o“cesaron de ignorarse y se movieron en busca de otra, por entre las batistas agitadas, arrastrándose hacia el deseo, profecía venida de lo alto” en Las manos).

Resta decir que en Cuentos breves el humor fluye constantemente. No sólo en el primer relato, que nos trae a una mujer muerta a la que le crece el bigote durante el velatorio. La lectura despertará una sonrisa cómplice en los lugares más inesperados, quizá en consonancia con una reflexión que Barret expresa en uno de los textos: “Es preciso reír, hasta la muerte y hasta de la muerte”.
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GLAXO, (de Hernán Ronsino) por Edgardo Scott

GLAXO
de Hernán Ronsino
Eterna Cadencia (2009)
por Edgardo Scott



......................................Y ahora sí, tienen piedad de él y lo ultiman.

................................................................R.Walsh, Operación Masacre


Como Borges con el Minotauro o con Cruz, Hernán Ronsino enhebra Glaxo en un texto ajeno, más precisamente en una escena de Walsh, de Operación Masacre, citado como epígrafe al comienzo de la novela. No es aquel, el único homenaje a Walsh: la separación por capítulos titulados con los nombres de los personajes de Glaxo, también sucede, aunque no siempre, en Operación Masacre. La cita de Walsh no es una frase sino que describe una escena; la secuencia de un remate fallido, y en esa escena Ronsino encuentra un disparador de su trama, pero también uno de los ejes narrativos de la novela. Porque el remate es, según el caso, reverso o instrumento de la piedad (instrumento cuando sirve para no alargar la agonía o el sufrimiento, y el reverso cuando impide la esperanza de la sobrevida). Posiblemente, la piedad, su validez o su inutilidad, su erradicación o su vigencia, pero sobre todo su mecanismo, en estos o en otros tiempos, en uno o en otro caso, sea el tema que Ronsino escribe en Glaxo.

Glaxo es además una novela breve, más cerca, por estructura y estilo, de las mejores nouvelles de Andrés Rivera (La sierva, Hay que matar) que de la novela breve de Onetti. Hay algunos personajes “nuevos”: el peluquero Vardemann, voz del primer monólogo interior; Folcada, policía sumariado, asesino y cornudo, que cierra el texto; Miguelito Barrios, traidor, débil y enfermo; La negra Miranda, mujer ambiciosa e ignorante, objeto deseado pueblerino, de ese pueblo que inventó Puig. Y vuelve a aparecer el ya querido y querible Bicho Souza, que había aparecido en la novela anterior de Ronsino, La descomposición, y que otra vez tiene ese punto de vista generoso y equilibrado del buen narrador.

En Glaxo la erótica del poder y la traición, ya anticipadas en uno de los ejes narrativos de La descomposición, retornan en una trama inclinada al enigma policial. Pero la intención poética de Ronsino desplaza la mera tensión de la novela policial a un lugar secundario.

Escribió Saer al referirse a Juan L.Ortiz que el gran poeta proponía “aplicar la piedad al conjunto de lo viviente”. Ronsino retoma e interroga ese aforismo. Interroga la piedad y su revés: la traición, la voluntad de poder sin miramientos, el ejercicio de poder erotizado. Por eso cita, a través de Folcada, un traidor de cuarta, de eso que abundan entre nosotros, a Yugurta, rey ambicioso y corrupto, de los dominios romanos. Ronsino interroga la piedad al narrar el tejido del crimen (o los crímenes) de Folcada, pero la interroga aún mejor, de una manera más sutil, en las primeras páginas, cuando el flaco Vardemann va a visitar, a cortarle el pelo a Miguelito Barrios. “Miguelito Barrios me agarra el brazo. Nervioso. Tiene la mano húmeda, transpira. No digas nada, le digo. No te preocupes. Y esas palabras lo lastiman más. Larga un llanto pequeño. Murmura el comienzo de una aclaración, el comienzo de un pedido de disculpas. Le impongo mi voz sana, poderosa, para borrar su presencia. Le digo: Miguel, tranquilo pasó mucho tiempo.” Ronsino logra una intimidad conmovedora en esa escena, convertida en el verdadero centro de gravedad del relato. La culminación viene cuando entonces, el peluquero Vardemann se plantea, con hondura y naturalidad, un problema ético. Dice: “Entonces salgo de la casa de los Barrios pensando si es justo perdonar a un moribundo”. A partir de ahí se lanza el enigma, la trama de la novela, la verdad que la ficción elabora desde un comienzo pero que entregará sólo sobre el final; pero sin embargo ya en esas palabras se percibe una intención que va mucho más allá de “sorprender o tener pendiente al lector”.

En La descomposición había una mayor exploración formal y una intención, voluntaria o no, de afirmarse en el estilo saeriano (acaso para enrolarse en una manera de contar el pueblo y sus habitantes, que no sea costumbrista). Teniendo como referencia a Walsh, Ronsino esta vez toma distancia de Saer, aunque su fantasma, para bien, sobre todo al comienzo, ronde Glaxo, y se acerca más a lo mejor de la literatura inglesa y norteamericana (Joyce, Conrad, Faulkner, Hemingway), pero sólo como guiño. En cualquier caso, con Glaxo, logradamente, Hernán Ronsino se arrima a esa pequeña reunión o grupo, nada corpóreo, plenamente literario, donde también caben Oliverio Coelho, Hernán Arias, o Félix Bruzzone, que tomando la posta y la lectura de autores como Gustavo Ferreyra, Martín Kohan o Carlos Gamerro, siguen renovando una de las principales líneas de nuestra tradición literaria, aquella que es eminentemente política.
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GLAXO, (de Hernán Ronsino) por Camila Berguier

GLAXO
de Hernán Ronsino
Eterna Cadencia (2009)
por Camila Berguier




La navaja en la nuca

Escenas excepcionales, frases muy entrecortadas (a veces quizás en extremo) y comienzos de capítulos muy potentes, nos adentran en Glaxo, en un clima de alta tensión, que no nos permite relajarnos: es una novela para leer de una sola vez, con un clima que nos encierra, cada vez más denso y narrativo.

Los momentos históricos donde está situada la novela son de pura latencia y no puntos cúlmines de la historia argentina. Así es que los capítulos corresponden a 1959 (años después de la matanza de José León Suárez), julio de 1966 (un mes después de la Revolución Argentina), octubre de 1973 (poco después de la asunción de Perón) y diciembre de 1984 (a un año de recuperada la democracia). Aquí vemos que la novela se sitúa en cuatro momentos que se corren, en meses, de sus hitos históricos más cercanos; y ya estos cambios nos ponen en alerta. El tiempo tampoco es lineal, sino que los capítulos están intercalados temporalmente, y generan una intriga que será resuelta en la última página.

Esta vez, Ronsino se adentra y profundiza en las voces ya manejadas en La Descomposición (2007), sigue alimentando su mundo. Se retoman algunos personajes y nos da el placer de volver a ese pueblo, de seguir conociendo sus resquicios, su clima infernal, su a punto de. Todas las piezas encastran tan precisas y la novela se despliega en apenas 92 páginas, que apenas uno termina de leer quiere volver a empezar, quizás, esta vez, por orden cronológico, para entender los cabos que pudieron haber quedado sueltos de una primera lectura.

El pueblo se ve invadido por casi un extranjero, un porteño en 1959. Y a lo largo del tiempo, el pueblo va a estar más alejado de todo el afuera, y en 1973 (el comienzo de la novela) dejan de pasar los trenes. Ahora, la comunicación con el exterior ya es solo por teléfono, a la distancia. Bicho Souza compara a Folcada con una estrella de Hollywood, una manera de retomar la tradición de Puig, mostrándonos cuán lejos está Buenos Aires de ese pueblo. Quizás es por eso que los momentos históricos llegan como con retrazo, allí, al costado de unas vías que se están desmontando, se evidencian los ecos, los resabios de la historia argentina.

El personaje que más se distingue en su voz es Ramón Folcada, ya que su capítulo es de un solo párrafo, quizás por el ritmo vertiginoso que se tiene en la capital, él hace una permanente asociación libre en su discurso y es el único que realmente toma decisiones; en cambio, los otros personajes tienen una actitud más pasiva, viven casi sin darse cuenta, aunque, por ejemplo, tengan escenas muy fuertes de sexo. Esas voces son respiraciones que están a punto de ahogarse, más discontinuas, que dejan vacíos e historias en blanco.
Fulmínea, la novela nos deja, latente, un estallido. Con historias de amor, asesinatos, presos, locura, traición, viajes a Buenos Aires y películas yanquis, la novela es como una navaja que raspa a la altura de la nuca. Para dejarnos volver, por un instante, a una calma primitiva. Y, una vez más, a la navaja, en la nuca, que da escalofrío.

ALIAS GARDELITO-KID ÑANDUBAY, (de Bernardo Kordon) por José María Marcos

ALIAS GARDELITO-KID ÑANDUBAY
de Bernardo Kordon
Grupo Editor Mil Botellas, 2009
por José María Marcos

Reseñar hoy un libro de Bernardo Kordon (1915-2002) implica, en primer lugar, hacer un esfuerzo por brindar aunque sea brevemente un repaso de la trayectoria del autor, su lugar dentro de la literatura y cómo circuló su obra.

Publicó una decena de novelas breves, un centenar de relatos impecables y algunos ensayos, muchos de los cuales fueron reeditados con cierta regularidad hasta mediados de los años 80. Su primer libro de cuentos, La vuelta de Rocha, apareció en 1936 cuando tenía 21 años, mediante la Agrupación de Jóvenes Escritores, y, de algún modo, prefiguró su búsqueda en los márgenes de la literatura y de la vida.

En el estudio preliminar de la antología El misterioso cocinero volador y otros relatos (Centro Editor de América Latina, 1982), Jorge Rivera marcó así este punto: “Esta primera entrega (…) era publicitada en los difundidos cancioneros populares que editaban por entonces la vieja casa editora de Alfredo Angulo y sus similares, junto con los libros de 0,40 centavos como La mascota de la suerte para los enamorados, el Repertorio poético de Fernando Ochoa, el Almanaque de los sueños y los destinos, Sangre del Suburbio, de Iván Diez, Derecho a matar, de Barón Biza, las obras de Alemany Villa, ‘el mago de la declamación’, y los libros de la célebre Colección Aventuras. (…) Se trataba, por cierto, de una insólita y audaz elección de circuito, en la que seguramente no se hubiese embarcado el 90% de los escritores argentinos de la época, pero que marca de manera muy nítida la ruptura con ciertos esquemas, la falta de prejuicios sociales y culturales del autor, la exploración de nuevas capas de lectores potenciales, la intuición de la diversidad de estratos culturales y ‘masas de sentimientos’ del universo popular y la certera percepción de un mundo marginado, e inclusive subestimado, que busca y cultiva sus propios modelos culturales”.

No es casual entonces que hoy sea una pequeña editorial (Mil Botellas) la que se haga eco desde La Plata de este autor porteño que puso su mirada en las orillas, tanto a la hora de propagar su obra como en los textos mismos, donde los personajes preferidos suelen ser vagabundos, prostitutas, ladrones, estafadores, seres “cuya vida misma es un fragmento (..), sin relaciones estables con nadie, sin lugar fijo donde vivir”, como lo puntualiza Juan José Sebreli en la introducción de Un taxi amarillo y negro en Pakistán y otros relatos kordonianos (Sudamericana, 1986).

Las historias elegidas para esta nueva edición son Toribio Torres, alias “Gardelito” (1956) y Kid Ñandubay (1971), con dos personajes centrales que comparten cierta mirada maravillada de la realidad, el inicio de un viaje en busca de “algo” que los libere de la carga de sus días y el cruce con otras almas sin rumbo en medio de ese tránsito. No obstante, cada protagonista subjetivará las contingencias del azar de distinta manera y, por eso, sus destinos terminarán siendo bien diferentes.

La aventura de Toribio Torres (un pícaro culposo) es fundamentalmente una saga de extrañamiento de un tucumano perdido en la ciudad de Buenos Aires, y al mismo tiempo que es una suerte de relato sobre el absurdo existencial, también es una puesta en escena de los conflictos y carencias raigales. Desde esta base, el autor muestra sutilmente los móviles inconscientes del mundo del delito, al cual Toribio se acercará para romper su monotonía y comenzará estafando con la ayuda del perro Pucky. Luego engañará a una mujer que busca un novio, se hará pasar por cantor de tangos, mentirá a diestra y siniestra y, al final, se vinculará con una red de profesionales del hampa. En ese trayecto, será Fiacini quien le cante la posta del asunto: “Yo puedo ayudarte, pero tenés que prometerme una cosa: nada de raterías. Hay cosas grandes para hacer y el peor negocio es robar porque te echa a perder los otros”. Toribio irá dándole sentido a su vida y revelará su verdadera necesidad de ser mirado en una ciudad que no le pertenece: “Yo soy un cuentero, y puedo hacer un teatro mejor... Pero voy a otra cosa: ¿nunca te dedicaste a mirar a una persona cuando está sola y no sabe que la están observando? Se siente fuera del escenario y entonces es igual que ver una bolsa de papas con ropa de gente. El tipo se mete el dedo en la nariz, se pone frente al espejo con su cara más idiota, abre la boca para verse la lengua, se tira en la cama o da vueltas alrededor de la pieza. Ese tipo y un gusano son la misma cosa”. Quizás, por eso, la sentencia de Toribio sobre sus víctimas “Una persona que necesita amor, lo concede; quien ambiciona dinero, termina por darlo” será la que forje su propia desventura.

En cambio, Jack Berstein (a quien en un circo apodarán Kid Ñandubay) es un boxeador fracasado, quien reconstruye su vida hilvanando recuerdos de una manera que le permiten transformarse en un “combatiente”. A la inversa de Toribio, se va de Buenos Aires a recorrer provincias y ciudades pequeñas tras el sueño de encontrar su suerte. A lo largo de ese raid, recreará su iniciación como boxeador, su partida del barrio y su amistad con los fiocas (hombres que viven de las mujeres) y los lanzas (ladrones). Recordará por qué comenzó a vagabundear de un lado para el otro y cómo se metió en un circo, llegando a ser parte del elenco de “Juan Moreira”, una de las obras preferidas del público, y al repasar un artículo periodístico de esos años dirá: “Y yo sigo leyendo estos recortes, no tanto por las cosas que dicen, sino también por todo eso que no dicen”. Porque lo importante no son los hechos, sino cómo él mismo los evoque. Porque “Era preferible ser un linyera, pero buen boxeador, que un payaso viajando en primer clase”. Porque “todo hombre respeta a un combatiente y esta es mi profesión, aunque casi siempre no me da para comer”.
En el prólogo a estas obras, Germán García —desde su cercanía con el autor, sumado a la formación literaria y psicoanalítica— brinda una posible perspectiva de lectura: “Es conocida la foto de Bernardo Kordon junto a Mao. Menos conocido, estoy seguro, es el libro de Kordon llamado Viaje nada secreto al país de los misterios: China extraña y clara. La clave de este libro es descifrar China, incluyendo su política, desde el teatro: ‘¿Acaso el más genial de los directores no era el mismo Mao? Supo conducir a ochocientos millones de chinos a representar su propio rol, al extremo de que perdieron la cuenta de que todos interpretaban’. Cualquiera sea el valor que tenga para la descripción de China, la afirmación anterior revela la percepción que Kordon tenía de la vida que trama en esa extraña obra clara que se llama realista porque limita con la infancia, el sueño, el fracaso del amor, las secuelas de la muerte en la vida”.

Con Alias Gardelito-Kid Ñandubay, el Grupo Editor Mil Botellas nos da una oportunidad de regresar a un valioso autor, que yendo “de lo particular a lo universal, del vasto espejo del mundo a cierto entrañable rincón del barrio de Almagro” (como dijo Jorge Rivera) sigue teniendo cosas para decirnos en su afán por comprender qué significa la vida de un hombre en medio de los misterios y los avatares de la existencia.
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ESCENAS EN EL CASTILLO, (de Paul Gadenne) por Pablo Vinci

ESCENAS EN EL CASTILLO
de Paul Gadenne
El Cuenco de Plata, 2008
por Pablo Vinci




Me atrevo a poner en boca de Paul Gadenne algunas palabras de Marc Chagall “Para mí, una pintura (o un texto de ficción) es una superficie cubierta con representaciones de cosas -objetos, animales, seres humanos- que guardan un cierto orden en el que la lógica y la voluntad de ilustración no tienen importancia alguna. Estoy en contra de los términos fantasía y simbolismo. Todo nuestro mundo interior es realidad, tal vez más real que el mundo manifiesto

En los tiempos de Sartre, Camus y la guerra, Paul Gadenne escribía su obra, también en Francia y en un período de veinte años. Y dentro de esos veinte años, sólo en el tiempo que podía utilizar para escribir entre sus interminables internaciones a raíz de una tuberculosis que nunca lo abandonó.

Escenas en el castillo reúne casi la totalidad de las narraciones cortas de Gadenne que, aparentemente (no hemos tenido acceso a su obra novelística) son las más contundentes y quizás las más logradas. Según Hubert Nyssen el relato Ballena es la cumbre de su literatura: “Todo lo que Gadenne había tratado de formular en sus tres o cuatro primeros libros, y en lo que seguiría obstinado en los tres o cuatro libros siguientes, queda dicho aquí (en Ballena) en seis mil palabras”.

Ballena era lo único que se conocía de Gadenne en la Argentina hasta hace algunos años. Ahora Escenas del castillo (que incluye ese relato) viene a agregar una serie más de las criaturas impresionantes de Paul Gadenne. Entre ellas son imprescindibles El albergue del purgatorio, La Maldición, y la que quizás más se acerque al verdadero Gadenne : Juego de villanos.

Por los relatos Ballena y Juego de villanos vale casi todo el libro. La delicadeza y la crueldad, la suavidad y la contundencia aparecen nadando en el mismo mar por el que había nadado la ballena que se pudre en la playa. Sería fácil hablar de símbolos, de alegorías, y también más tranquilizador. Sólo que Gadenne muestra otra vez, que “el mundo manifiesto” no es más realidad que nuestros placenteros o tortuosos sueños.
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DARÁ, (de Lucas G.López Martín) por Pablo Vinci

DARÁ
de Lucas G.López Martín
Macedonia Ediciones, 2008
por Pablo Vinci




........... ..La invención literaria, hay que admitirlo humildemente, ..............no consiste en crear desde el vacío, sino desde el caos
.........................................................................................Mary Shelley

................Somos una isla, una utopía inversa. Estamos aislados

........................................................................................López Martín


¿Es posible hacer una síntesis argumental de Dará? Si, es posible, pero no es lo importante, en consecuencia aquí no la encontraremos. Resentidos, perversos, pobres, incomprensible-mente inocentes o dulces, humillados, intolerantes, malvados, o maquiavélicos, los personajes que habitan o visitan Dará asombran o se asombran con nosotros a pesar de nuestra comprensión.

López Marín ha enfocado las fuerzas del cerebro y la sensibilidad hacia un mismo lugar en esta novela, y Dará es el resultado de haber amasado con sutileza el conocimiento de una tradición literaria y política con la monumentalidad de una época y de un sitio en la tierra: América Latina, precisamente la Argentina de estos últimos 80 o 100 años.

Dará puede ser una pesadilla o un sueño, es verdad, pero se evidencia más real que cualquier cosa que se manifieste sólo en la superficie. (No sé si fue Borges quien dijo que sus sueños no eran menos reales que el portero de un edificio).

En Dará hay momentos excelentes, otros muy buenos y otros no tanto. Hay momentos admirables y otros no tan magistrales, pero todos son el resultado de un trabajo, de un esfuerzo notable. Dará está escrita no sólo por el placer de escribir, a veces pareciera que Dará fue parida entre gritos y sangre. Dará tiene un estilo claro, sencillo, y fragmentos a veces terribles y de golpes violentos. Pero la violencia de esos golpes filosos tiene más de un sentido, más de una intención.

Si la novela de López Martín, que crece entre tantos dolores y violencias, nos hace dudar de la esperanza en nuestra especie y nos genera nauseas que reniegan de la injusticia o nos hace atisbar algún remoto impulso de rebelión, es porque esa ficción está poniendo un ladrillo para salvar algunos instantes de la vida y para arrancarle desesperadamente a la existencia algunas gotas (aunque sean pocas) de felicidad.
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VACÍO DE RESURRECCIÓN. BUSCANDO LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA, de Andrés Gioeni (por Wenceslao Maldonado)

VACÍO DE RESURRECCIÓN. BUSCANDO LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA
de Andrés Gioeni
Nueva Generación, 2009
por Wenceslao Maldonado


EL CÓDIGO GIOENI, un thriller espiritual entre denuncia polémica y sana ingenuidad romántica



1.- Una introducción con planteos.
Generalmente los autores evitan, en obras de ficción, hacer introducciones declarativas. Pero no es el caso de Andrés Gioeni en su novela policial, clasificada como thriller, Vacío de resurrección. Buscando la prolongación de la vida, ya que quiere dejar sentado desde el principio que su propósito al escribirla “fue poder involucrar en la trama algunos temas que me causaban interés particular.”

En el primer párrafo de la introducción nos dispara una andanada de cinco cuestiones pesadas, ciertamente no fáciles de digerir, pero que el autor se atreve a entretejer con la trama compleja de esta gran conjura argentina, que parece replicarle a El Código Da Vinci, obra que el protagonista Andrés ha acabado de leer en el comienzo mismo de la narración, como una continuidad “made in Argentina” de las tortuosas luchas por el poder político y religioso.

Nosotros aquí, en el mapa complejo de Buenos Aires, tenemos unos cuantos signos extraños que decodificar, parecería estar diciéndonos el novelista. Y ese código apunta a replantearse nada menos que problemas que provocan renovadas y polémicas lecturas en la historia de la Argentina actual. Gioeni las puntualiza: “...el gobierno de facto y su dictadura, el tema acuciante y actual de la inseguridad, el poder de la religión en el desenvolvimiento de nuestra sociedad, las diversas lecturas de la historia argentina, la fuerza de los lazos humanos.”
Conviene decir que el escritor nos permite la entrada a su obra desde una pequeña puerta que, en un primer momento, parecería hermética e incómoda, pero que a la manera de un texto epigráfico, invita a que el lector se ubique. Y hay dos posibilidades de ubicación, jugadas en forma antagónica, ya que los hechos mismos aparecen agrupados en el libro como antinomias. O bien somos lectores que nos metemos por el lado de la realidad, para disfrutar luego el texto ficcional con “sana ingenuidad” (expresión que Gioeni repite más adelante en la introducción); o bien caemos en la actitud criminal de ocultar esa realidad, aprovechando la ignorancia del pueblo, y nos movemos, en consecuencia, en la zona de la “pura crueldad”.

Al repasar la lista de los temas propuestos por nuestro novelista, nos encontramos en el aprieto, antes que nada, de superar esa “ignorancia” y conocer sin ambages la “realidad”. En esto, diría, consiste el enigma del thriller porque, aunque hayamos vivido algunos eventos del país y del mundo en carne propia, Gioeni nos impone su “código” y se encarga de demostrarnos que nada es lo que parece ser. Y la duda más acuciante, de seguro, será sobre nosotros mismos, sobre nuestras creencias políticas, religiosas y éticas y sobre los interrogantes más profundos de la vida, mejor, sobre la enorme antinomia que se plantea por encima de todo, vida / muerte. ¿Antinomia? No sé si es la palabra que define con mayor acierto estos dos términos que se contradicen. Pasa algo así con los dos colores simbólicos, el rojo y el negro, un alerta de sangre y luto, que reaparecen en cada situación de peligro, a manera de leit motiv. La vida y la muerte, en la novela de Gioeni, se repelen y se atraen en forma paradojal, de tal modo que cabría poder decir, en manera análoga al negro y al rojo: Vida. Muerte. Definitivamente vida.

2.- De la realidad a la ficción.
En la introducción, a la que nos acabamos de referir, Gioeni recuerda también el caso de “... ‘Misery’, aquel personaje psicópata que encerraba y apresaba al autor que admiraba y le exigía que sus personajes reaccionaran según sus esquemas.” Sabemos que fue el procedimiento de Unamuno en Niebla y el de Pirandello en Seis personajes en busca de autor.

En este caso el novelista comienza narrando la historia a partir de su protagonista Andrés quien, después de haber terminado de leer El Código Da Vinci, espera a su pareja Luis. No cuesta demasiado entender que el perfil de estos dos personajes sale de la realidad. Del Andrés ficcionalizado, por ejemplo, Gioeni acota: “Su explosión hacia la vida gay había sido sumamente abrupta cuando, cansado de ritos y vacío de cualquier tipo de resurrección, decidió colgar los hábitos y renunciar a su vocación de sacerdote.” Es decir, el autor ha querido arrancar desde la realidad, instalando enseguida, también, el tema que es título de la novela. ¿Pero quién dice que así es el autor?

Algunos párrafos más adelante el narrador omnisciente del relato nos muestra a Andrés que comienza a escribir, “con dejos autobiográficos”, una novela de ficción, y añade: "Él mismo afirmaba que no sabía si era por su egocentrismo o por una inseguridad como escritor, que no podía percibir una historia sin tenerse de autoreferente.” ¿Se trataría acaso de dos hipótesis sobre el por qué del paso del Andrés Gioeni de la realidad al Andrés de la ficción?

Tal vez se pueda ofrecer al lector una tercera hipótesis que, sin dejar de lado a las dos anteriores unidas, ya que no son excluyentes, inseguridad y egocentrismo (antes nos había dicho que este Andrés era “un tanto narcisista”), añada también la idea de invitar al lector a reconocer la realidad acuciante de los temas planteados, sin que la ficción los desnaturalice.

Algo por el estilo se podría decir del personaje de Luis, que aparece también en la introducción, lo mismo que del sabueso Gustavo González, al que en esas páginas preliminares se le agradece por su generosidad al revisar, tal vez con un detallismo de sabueso análogo, las páginas del texto. Este vaivén de semejanzas, ¿es solamente un juego o tiene una intención algo más que lúdica?

Marcas de la realidad son, sin temor a equivocarnos, las referencias precisas a eventos presentes o más o menos actuales que, de seguro, el lector no desconoce. Antes que nada el avispero levantado por la muestra del artista plástico León Ferrari, con referencia a titulares en los diarios de esos días. Sabemos los elogios y denuestos que causó, en particular, su Cristo crucificado en el bombardero norteamericano, clave en la lectura de signos del thriller. Precisamente de este hecho salen los títulos de la primera y segunda parte del libro. Y si seguimos con el tema eclesial, la novela nos refresca el atentado a Juan Pablo II en 1981 y, más recientemente, la elección de su sucesor al que no se nombra.

Tiene también que ver con esta zambullida en la realidad, que remueve las aguas de la historia política desde los tiempos de Perón, otros hechos como la visita de Evita al Papa Pío XII, por ejemplo, que en la trama novelesca tendrá especial connotación.

De la historia argentina más reciente, hay un par de ejes que atraviesan la peripecia policial del thriller; antes que nada la cuestión de los desaparecidos y la recuperación de los nietos, asunto que se va resolviendo dolorosamente como nos muestra la novela. La narración toca con habilidad problemas igualmente no resueltos del tiempo de la democracia, como la profanación de la tumba de Perón en 1987, después de la Ley de Obediencia Debida, o el merodeo de Propaganda 2 por estas latitudes, la enigmática P2 importada desde Italia no sin objetivos oscuros. En fin, ¿podría negar alguien que, leyendo esta ficción, no estamos inmersos en una problemática religiosa y política bien real y bien argentina?
Otro de los sostenes usados con habilidad para obligarnos a dar crédito a la realidad de los temas planteados es la precisa geografía urbana en la que Gioeni hace mover a sus personajes. Desde el barrio de Once, en donde viven Andrés y Luis, recorre el mapa de Buenos Aires con la exactitud de calles, avenidas y plazas, y con acotaciones históricas y turísticas para cada lugar. Sí, no hay dudas, esto está sucediendo en la capital porteña.

3.- De la ficción a la denuncia.
Hasta aquí todo o casi todo es creíble, los protagonistas, los hechos históricos, el trazado de la ciudad, a no ser que neguemos la realidad.

Sin embargo, nos puede suceder como al Andrés de la ficción. Sentado, departiendo una comida con personajes extraños, y nada menos que en el edificio Kavanagh, siente que se le atragantan los sabrosos ravioles que le acaban de servir; es que no logra digerir tampoco las interpretaciones y relaciones que podría haber en hechos muy diversos que se le presentan como códigos cifrados.
La aparición de sucesivos golpes de efecto, la vertiginosa circulación de revelaciones sobre apariencias, crímenes e hipocresías, hacen que la ficción no tape o desfigure, por suerte, la urgencia de los temas propuestos. Muy por el contrario, pone en carne viva denuncias y graves cuestionamientos, tal como fue el propósito inicial del autor expresado en la introducción.

Supongo no equivocarme si afirmo que uno de los temas más acuciantes es el de la relación de la Iglesia y el Estado. No será creíble el tipo de “prolongación de la vida” que se propone, se trate de una resurrección más espiritual o más carnal; pero sí es creíble el poder enorme que la Iglesia Católica, así como el de otras religiones institucionalizadas, que aparecen también en este relato en forma marginal. Se dice que estas religiones tienen tal manejo del convencimiento y la seducción, y tanto poder político y económico sobre la sociedad, que pueden llegar a manipular la realidad para sus propios fines con impunidad.

En el Epílogo que lleva un título que hace referencia explícita a la nueva elección papal, con su humo “efímero” después de la muerte de Juan Pablo II, el escritor hace un cierre al tema religioso con una escena caricaturesca, llena de ferocidad. En medio de esta visión de la Iglesia Católica, apta para el debate más encarnizado, queda abierta la pregunta urgente que compromete la orientación de la propia vida: “¿Para qué seguir insistiendo en entregar su vida si lo habían dejado vacío de resurrección?

La otra denuncia, eje del relato también, que se puede poner a la par de los cuestionamientos a la Iglesia, es el de las secuelas de la dictadura. Gioeni la ubica en primer lugar en su introducción con la calificación de “tema tan acuciante y actual”. Aunque no deje de haber aquí alguna indicación al pasado, y sin ahorrarle tampoco a la Iglesia la estocada correspondiente por su silencio cómplice, el texto apunta, más que nada, a revisar las secuelas que todavía hoy sufre la sociedad. Ante todo la dolorosa búsqueda de los nietos; búsqueda tanto más dolorosa, porque hay grupos juramentados que entorpecen las investigaciones y tejen en su derredor muros defensivos de corrupción institucional.
La comprobación de la existencia de corrupción y connubios secretos de las fuerzas de seguridad, pone sobre el tapete, precisamente, esa sensación permanente de vivir inseguros, ahogados casi por una sospecha permanente. A esto se suma la violencia intrafamiliar que se ha ido generando y que es parte de la ruptura de lazos familiares y sociales.

Y pienso, hablando de los lazos humanos, que éste es el tercer eje de denuncia de Gioeni. Esos lazos humanos, cuando se mantienen y son protegidos, son una “fuerza”; sería la contracara de la instalación del miedo, de la sospecha sistemática, de la desconfianza universal. Y por eso mismo, desde su recuperación y cuidado, puede aparecer la punta del cambio, el cambio de la vaciedad de resurrección a una vida plena.

4.- Un epílogo con la gran pregunta.
Cuando llegamos al “epílogo”, es decir, según su etimología, cuando llegamos a “lo que se escribe sobre lo dicho”, quedamos consternados, porque en realidad no sabemos qué más se pueda decir, habiendo seguido las señales, una a una, de ese código que no es ya la historia cerrada de la novela, sino la novela abierta a nuestra vida, el “Código Gioeni”, para darle nombre a esas marcas que el novelista propone. Y la conclusión está dada en el título que el autor le ha querido poner a este Epílogo: “El humo es efímero. La vida ¿también?

Por lo que parece, el humo de la elección papal, como el humo de todo los poderes de este mundo, es absolutamente efímero. Los antiguos aplicaban la idea de humo a la fama: “fama, fumus”. ¿Y la vida? Bueno, que cada uno responda a esta pregunta como pueda, como habrá debido ir respondiendo cada lector a los enigmas que nos trajeron hasta este momento. También éste es un antiquísimo interrogante, un grito del ser humano, que sabe que irremediablemente le espera la muerte. Y aquí radica el deseo de no morir, de ser inmortales o, en todo caso, de resucitar. Que la vida es efímera lo sabe Andrés Gioeni muy bien, y dentro de él, lo sabe el Andrés de la novela. Lo sabemos todos, en realidad. Pero ese Andrés de la realidad, el autor, que lleva en su interior el perfil del Andrés protagonista, no se olvida seguramente de un texto neotestamentario que dice “el amor no termina nunca”. Sí, con razón es hora de repetirlo. El amor es más fuerte que la muerte.


Y aquí viene entonces a cuento la necesidad de reflexionar, de quedarse reflexionando después de la lectura, sobre “la fuerza de los lazos humanos” que el escritor nos proponía como tema en la introducción.


Concluyo, porque ya veo que me estoy comportando como un pésimo crítico que devela las claves del libro comentado. Pero no puedo dejar de decir que me impresionaron las cartas que se cruzan en la novela Andrés y Luis. Y les digo a los lectores que allí está el secreto de la vida sin fin, el amor que esas cartas expresan. Porque para Andrés Gioeni, Luis es “mi amado Luis” de la introducción; y dentro de la ficción, para Andrés, Luis es “mi adorado Luis”, el “muso” inspirador.
En fin, de ahí salen los dos adjetivos discutibles que se me ocurrió poner en el título de este comentario: thriller “espiritual” e ingenuidad “romántica”.


Bueno, amigos lectores, y aquí viene mi incorrección mayor de crítico, ¿ustedes creyeron que Gioeni les estaba entregando un thriller? Se equivocaron rotundamente, ya que aquí nada es lo que parece. Gioeni ha escrito un canto de amor, amigos, porque sólo el amor es el que puede dirimir todo dilema y esclarecernos todos los códigos, ayudándonos a concluir esta lectura para mirar nuestro futuro “llenos de resurrección”.
Que el autor me perdone.
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MARCELO GUERRIERI - ENCUESTA TALLERES LITERARIOS

MARCELO GUERRIERI - ENCUESTA TALLERES LITERARIOS
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a-¿Qué le podés aportar a la persona que concurra a tu taller?
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Una visión particular sobre el proceso creativo
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b-¿Qué mito acerca de los talleres literarios "desmitificás"?
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El mito de que los talleres no sirven
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c-¿Participaste en algún taller? Cuáles?
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Con Alberto Laiseca (mi Maestro iniciático); luego clínicas de obra con Pablo de Santis, Martín Kohan y Juan José Becerra; y un intensivo de corrección de estilo con Delia Matute
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Contacto: escrituracreativa2009@yahoo.com.ar

Lugares: La Ratonera Cultural (Villa Crespo) / Centro Cultural Comunarte (Boedo)
Marcelo Guerrieri coordina talleres de Escritura Creativa desde el año 2006. Asistió al taller literario de Alberto Laiseca y a clínicas de obra con Martín Kohan, Juan José Becerra y Pablo De Santis. Premios y publicaciones: Premio Nuevos Narradores 2007 del Centro Cultural Rojas (cuento); Premio Nuevo Sudaca Border 2005 de la Editorial Eloísa Cartonera (cuento); Detective bonaerense (novela blog).

MEMORIAS DE UN AMANTE SARNOSO, (de Groucho Marx) por Grazia Depenna

MEMORIAS DE UN AMANTE SARNOSO

de Groucho Marx

Edhasa, 2009

por Grazia Depenna



Memorias de un amante sarnoso es un libro que sólo puede definirse como indescriptible. El lector que compre y lea estas memorias más que particulares, se encontrará con dos Grouchos, o mejor dicho, con Groucho y su “otro yo”. Ambos son de naturaleza profundamente similar, aunqeu, paradójicamente, muy distintos. Groucho Marx, el incómodo insumiso, entrometido, criticón e insolente mujeriego, dinamita la sociedad, siembra el absurdo y el desconcierto por doquier y no comprende cómo alguien puede pertenecer a un club del que él sea socio, el otro Groucho no piensa sino en medrar y en enriquecerse en esa misma sociedad que dice despreciar y se arrima a cuqlquiera con tal de que le introduzca en el club más selecto.

Pocos pueden ser más impertinentes y mordaces para hablar del amor que Groucho Marx “amante sarnoso”, tal su propia definición, tanto por su desfachatez como por su obsesión por las mujeres. Además de contarnos algunas de sus aventuras galantes —condenadas siempre, pero lo que es siempre, al fracaso—, Groucho se lanza a una hilarante historia universal del amor, o mejor dicho del sexo, “esa gloriosa experiencia que la madre naturaleza improvisó con el fin de mantenernos en pie y, de vez en cuando, acostados”. A pesar de que estas memorias no revelen ningún gran escándalo erótico (por desgracia, ya que, como él dice, le habría asegurado las ventas) ni recetas infalibles para la conquista, sí proporcionan al lector a cada página incontables ocasiones de reírse. Nada escapa a su verborraica causticidad.

De la calidad literaria del libro poco y nada se puede decir. No es eso lo que busca un lector al acercarse a Memorias de un amante sarnoso, si quiere otro tipo de literatura, que busque en otro lado (Borges, Carlos Fuentes, etc) El producto que ofrece Groucho es honesto: son “memorias” inventadas, son gags y ocurrencias que no tienen la pretensión de inscribirse en la Gran Literatura, pero sí la de hacernos reír, a veces a carcajadas, y a veces con una sonrisa irónica. Y siempre lo logra.

LA ERÓTICA DEL RELATO (Antología) por Federico Rodriguez

LA ERÓTICA DEL RELATO

Antologadores- Jimena y Matías Néspolo

por Federico Rodriguez





Existe una dificultad que es muy entendible cuando se reseña una antología: es muy difícil poder dar cuenta de todos los relatos, y más aún poder dedicarles el espacio que seguramente cada uno merece. En el caso de La erótica del relato (antología compilada por Jimena y Matías Néspolo, editada por Adriana Hidalgo), se suma otra dificultad: Al principio del libro el lector se encuentra con un Manifiesto, firmado por “Los Heraldos”, quienes parecen ser todos los autores participantes de la antología. ¿Cuál es el inconveniente con este Manifiesto? Primero que nada, su contenido parece demasiado agresivo, sin ser del todo claro. Si realmente “Los Heraldos” quieren barajar y dar de nuevo, y no se bancan tantas cuestiones (muy entendibles ellas), la pregunta que cabe hacer es: ¿por qué jugar a las alusiones y no nombrar, con nombre y apellido, a quienes se alude?

Más allá de este detalle, existe otro inconveniente: es un manifiesto que promete mucho más de lo que hay en la antología. Y es por ese manifiesto que crea expectativas desmedidas, que el lector, mientras lee el libro, busca las “historias incómodas que ya nadie se atreve a contar”(como dicen en el manifiesto), busca el momento en que “en cada palabra (se juegue) el pescuezo” (¿no quedaba mejor decir que se “jugaban la vida”? ¿o “la cabeza”?). Y simplemente va a encontrar cuentos no muy fuera de lo común, un poco mejor escritos que los de varias antologías de jóvenes (y no tan) talentos, literatura menos “Blogger”, por definirla de alguna manera, y más apartada de la fastidiosa “literatura del yo”, pero no por ello deslumbrante. Hay cuentos para todos los gustos, mejor o peor logrados (insisto, según el gusto), pero nada que realmente conmueva o se vea reflejado en ese pomposo y pretencioso Manifiesto.

Para hablar un poco más del contenido y no centrarse tanto en temas accesorios, mencionaré algunos cuentos. Y los hay muy variados. Cambio de suerte, de Claudia Feld, es uno de los mejores cuentos del libro. Bien escrito, logra mantener la tensión y el interés durante varias páginas, hasta llegar al final, que esperado o no, es contundente. No se puede decir lo mismo de Las cuatro patas del amor, de Jimena Néspolo (sí, además de antologadora, también participa como autora). El cuento logra crear un clima de suspenso, diría que desde las primeras líneas. Una pena como decae sobre el final, sugiriendo demasiado algo que es tan obvio, que la autora debería haberse animado a escribirlo. Jugadores, de Federico Levín, es una historia más de fantasmas… o de locura, correctamente escrita, y punto. Desentona en la antología El sentido de la vida, de Marcelo Damiani, que resulta ser una especie de juego entre filosófico y moderno y también El temible crítico literario, de Pablo Manzano, un texto totalmente innecesario desde que Roberto Arlt escribió Escritor fracasado, más o menos unos cincuenta años atrás. Otros cuentos, como el de Oliverio Coelho, Diego Vecchio y la ya citada Claudia Feld, sobresalen en una antología correcta y entretenida.

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