PABLO MARTINEZ BURKETT

PABLO MARTINEZ BURKETT

Santa Fe (1965). Es Master en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca. Tiene premios en concursos que ya no se acuerda. Escribió para la radio, revistas, antologías, blogs, listas de supermercado y diarios íntimos. Es curador de ciclos de lectura, dicta seminarios y talleres y se las da de charlista profesional. Le publicaron los libros: Forjador de penumbras (2011), Los ojos de la divinidad (2013), Mondo Cane (2016). Luz azul (2020) que salió en Bolivia y El banquete de Tántalo (2022).

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Ese híbrido narcisista de la llamada ficción autobiográfica (oxímoron más o menos), mejor conocido como Literatura del Yo. Probablemente Lacan tenía razón cuando postulaba que la escritura es fruto de una autoexploración que lleva al autoconocimiento y una búsqueda del propio yo y su comprensión. Sin embargo, a mi modo de ver, el endiosamiento del autor devenido en personaje, una suerte de unión hipostática no es más que otra prepotencia de la egomanía contemporánea. La declamada ambigüedad entre la veracidad y la verosimilitud fue dando paso al exhibicionismo autorreferencial que, antes que contar una historia, se orienta a convertir al autor en una estrella de rock, un oráculo cuya experiencia de vida ficcionalizada debe ser predicada a todos los fieles.

Por supuesto que mentes más esclarecidas tendrán sobrados elementos para refutar mi anatema, enumerar los méritos de obras y epígonos y arrojarme una maldición gitana que rime con mamerto. Me paso muchas horas estudiando el artefacto literario. Me encanta. Pero al final del día, la lectura se resume en el socorrido binomio “me gusta/no me gusta”. Y tanta bambolla con la literatura del yo me respira sobrevalorada. En una entrevista a Mariana Enríquez (29-09-2020), el diario El País avizoraba el final de la ola de la escritura autobiográfica en favor de la literatura fantástica. Ojalá y así sea.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

Una pléyade de autores argentinos que la vienen yugando con esfuerzo y creatividad. Sea la crítica especializada o las editoriales grandes (y también las medianas) creo que a la hora de señalar los referentes de un determinado género se acude al atajo de preferir siempre a los mismos. Muchas veces, por haraganería, ignorancia, amiguismo, conveniencia o venalidad. Lo mismo da. Pero más allá de estos primeros nombres, que por alguna razón están donde están, hay una legión de segundas y aún, terceras espadas a quienes habría que prestarle un poquito más de atención porque ante la ausencia de un prestigio por cuidar, no repiten fórmulas ni se enrolan en modas y volubles militancias. Se dedican a contar historias, que de eso se trata escribir. Y lo hacen muy bien. En lo personal no creo que el reconocimiento resulte de un silogismo: escribe bien, se merece que le vaya bien. La vida está llena de ingratitudes. No lo voy a descubrir yo acá. Cualquier especulación contrafáctica pertenece al terreno de la ciencia ficción, pero: ¿qué hubiera pasado si un ya canónico Borges no hubiera habilitado la publicación de un primer Cortázar? ¿O de “Cien años de soledad” sin un Paco Porrúa?

En suma: críticos, editores, periodistas, reseñadores, blogueros, bookgramers, booktubers y demás tribus aledañas: busquen, revuelvan, comparen. Es más trabajoso y quizás menos osado. Pero les garantizo que en la literatura argentina contemporánea hay autores realmente increíbles y que, sin embargo, van oscuros por la sombra bajo la solitaria noche. Ah, sí, claro, es una deficiente traducción de la hipálage de Milton…

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CEZARY NOVEK

CEZARY NOVEK 

(La Paz, Entre Ríos, 1982) Escritor y periodista cultural. Sus libros más recientes son las novelas Alguien te busca (Yammal, 2021) y El veneno siempre está al final (Zona Borde, 2021) y el libro de relatos La configuración del silencio (Yammal, 2022). Colabora con el diario Hoy Día Córdoba y Marcha, entre otros.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Cometierra, de Dolores Reyes, sin duda alguna es el libro más sobrevalorado del que he tenido noticia en años. Hay obras que pueden gustar o no pero uno reconoce la calidad y la originalidad si se toma el trabajo de leer el libro entero. En el caso de Cometierra, no hay prácticamente nada que se pueda rescatar: la trama no suma nada nuevo y denota poca lectura del género de la novela negra, los personajes son estereotipados y casi  carente de matices. La prosa es bastante floja también. Y aunque hay colegas que piensan que le han dado mucha manija a este libro porque coincide con algún tema de agenda políticamente correcto, lamento decepcionarlos: no innova el género ni aporta una perspectiva original que sirva como militancia de ningún tema de moda. La protagonista es mujer y villera, sí, pero se enamora de un policía recio y duro. En fin. Desconozco a la autora y no tengo ningún tipo de animadversión personal. Incluso me acerqué a la novela con expectativa y curiosidad. Creo que no está sobrevalorada por falta de mejores opciones de lectura (que las hay, y muchas) sino que los periodistas culturales, con la proverbial pereza y alergia a la lectura que los caracteriza, no se toman el trabajo de curiosear un poco más o de leer más allá de lo que les viene recomendado previamente.

Respecto a un tipo de literatura sobrevaluada, sin duda la literatura del yo palermitana. Si hay algo que tienen en común todas las personas en el mundo, por encima del credo, etnia, nivel socioeconómico u orientación política es –justamente– el no tener ningún tipo de interés por los padecimientos de un alma indie sensible atrapada en un cuerpo de belleza hegemónica, proveniente de un hogar privilegiado, cursando alguna carrera de ciencias sociales sin trabajar, languideciendo ante la falta de conflictos o dificultades reales. Indudablemente, este tipo de literatura aleja a los lectores más jóvenes, aburre a los que intentan abordar la producción contemporánea y no suma nada a nadie. Estos grupos cerrados snobs porteños están condenados de antemano a la extinción: al no promover nada que despierte un interés o algún tipo de identificación en los lectores y al ser tan cerrados –cerrados en el contexto de un mundillo que de por sí suele ser cerrado y, además, en una capital que ignora al resto del país– no tienen la esperanza de renovación alguna. 


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

Hay una enorme cantidad de libros y autores que están siendo solapados por no coincidir en estilo o temáticas con la agenda cultural de moda. O porque los autores no representan ninguna disidencia de moda. O por el mero hecho de pertenecer a una o dos generaciones anteriores y quedar desfasados en un ambiente en el que cada vez se lee menos.

Fernando Sorrentino es un buen ejemplo de autor con una obra abultada y sólida pero que por alguna razón no se lee tanto como merece. Si salimos de la burbuja aislada al vacío que es Buenos Aires, tenemos una veintena de provincias cuyas producciones artísticas son descartadas a priori tanto por las instituciones públicas como la intelligentsia porteña. Volviendo a los autores, hay una gran cantidad –muertos o vivos– que no son valorados ni leídos. En algunos casos tiene que ver con gustos de la época. También suele pasar que cada veinte años esos gustos van variando y se rescatan a autores que hasta el momento eran dejados de lado. Un ejemplo de ello es C.E. Feiling, que siendo olvidado por muchos años, se volvió a poner de moda gracias a reediciones que están en sintonía con el regreso de los géneros en contraposición del empacho causado por tantos años de realismo costumbrista o narrativa comprometida políticamente. Hay autores que, después de haber sido muy populares o muy leídos en vida (Mujica Lainez, Silvina Bullrich, Laiseca, Fogwill), una vez muertos caen en un olvido casi condenatorio.

Es difícil hablar de autores vivos y en actividad porque aún no han dado todo de sí y su suerte puede cambiar. Si pienso en un autor aún joven pero con una bibliografía interesante, variada y de alta calidad, puedo mencionar a Martín Cristal. Es un autor que vive y produce en Córdoba, factor que le juega en contra pese a haber ganado una buena cantidad de premios. Tiene en su haber una quincena de títulos entre novela, cuento, microrelato e infantiles. Además, es un autor que se maneja con igual soltura en el realismo, el fantástico, la ciencia ficción, etc. Un narrador completo. Por último, quisiera mencionar a quien considero uno de los mejores y más jugados escritores vivos que tiene la Argentina: Carlos Chernov. Es un autor cuyos primeros libros (de comienzos de los ’90) son más frescos y arriesgados que gran parte de lo que se produce hoy.

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MATÍAS CASTRO SAHILICES

MATÍAS CASTRO SAHILICES

Nació en Rosario y es hincha de Newell’s. Es narrador, editor y diseñador editorial. Imprimió fanzines, fundó editoriales artesanales y publicó revistas digitales. Entre muchas otras cosas, actualmente edita la revista federal de relatos pulp Salvaje Sur. Asimismo, colabora con el Centro Editor Municipal de San Martín de los Andes, el Fondo Editorial Neuquino y diversas editoriales. Su primera novela, Barcelogasona, (parece que) será publicada este año. 


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

El primer libro que se me viene a la mente cuando leo “sobrevalorado” es Distancia del rescate, de Samantha  Schweblin (a quién considero una cuentista eximia; su cuento Un hombre sin suerte me parece extraordinario). La primera vez que leí la obra fue por curiosidad, para ver cómo se desenvolvía la autora con un texto “de largo aliento”. Las siguientes lecturas de Distancia del rescate (sí, lamentablemente hubo varias) se las debo al profesorado de letras que me tenía como alumno. Debo destacar que el proceso de relectura no sólo acrecentó la sensación de soledad (¿qué carajos ven los demás que yo no estoy viendo?), sino la certeza de que se trata de un texto ampliado antinaturalmente, esto es, un ejercicio de engorde fallido, repleto de extrañamiento (en el peor de los sentidos, aunque algunos lo definan como “inquietante”), mal resuelto y, sobre todo, muy aburrido (algo bastante común en lo que hoy se considera literatura argentina canónica). Esto se puede comprobar fácilmente en las primeras páginas: la voz de la narradora que inaugura la obra es confusa e inverosímil (en la película replicaron la voz y la sensación es exactamente la misma). Y cuando a uno le entran ganas de decir esto frente a la mandíbula caída de los amantes del libro, siempre termina escuchando los dos contra argumentos con los que se promocionó la obra: maternidad y agroquímicos. Y ante tales cuestiones, a uno no le queda más que callar. Como cuando me recuerdan que, además de haber sido traducida a 30 idiomas, ganó premio Shirley Jackson a la mejor novela corta en 2018.


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué? 

Tenía pensado nombrar a todos esos autores dedicados a los mal llamados “géneros menores”, hijos todos de la familia pulp. Pero como la lista era enorme y no queda bien nombrar a los amigos, quiero aprovechar la oportunidad para hablar de alguien a quien considero uno de los mejores escritores argentinos contemporáneos: Diego Angelino. Llegué a Diego cuando era adolescente, de casualidad, mientras buceaba entre las pilas de libros usados en una librería de Rosario. Así fue que encontré Sobre la tierra, una novela impecable, publicada por Pomaire en 1979 y llevada al cine por Sarquís en 1998 (protagonizada por Graciela Borges, Germán Palacios, Lito Cruz y Peter Gavajda). Tal es el desconocimiento que se tiene del autor, que en la página de Wikipedia de la película no figuraba que la obra era de Angelino, cosa que acabo de editar. Bueno, la cosa es que ahí me enteré de algo extraordinario: su primera novela, Al sur del sur (1973) había sido recomendada por el jurado del Premio América Latina (La Opinión-Sudamericana), conformado por Cortázar, Onetti, Roa Bastos y Walsh. ¡Eso sí que era un jurado! Pero acá no termina la cuestión, porque en 1974, Angelino ganó el premio La Nación — al jurado lo integraban Borges, Bioy Casares y Mallea— con el librazo de cuentos Antes de que amanezca  (publicado bajo el título Con otro sol por Corregidor, y hoy editado preciosamente por la cordobesa Caballo Negro). Pero no les vengo a vender, sino a regalar, porque en el 2014, Angelino fue finalista del Herralde con una de las mejores novelas que se publicaron en los últimos diez años en este país: El bumerang vuelve al cazador, editada por Espacio Hudson y al alcance de cualquier lector en su librería amiga. Así que, contestando a la pregunta, acá tenemos el caso de un ENORME autor entrerriano cuya obra no tiene la atención y el reconocimiento que merece. Y quizá ese sea el problema, que estamos hablando de un autor nacido en “el interior” y que, desde hace ya 50 años, está radicado en la Patagonia, lejos del “centro donde todo sucede”. Es bien sabido que al lomo del tigre unitario le caben infinidad de manchas.  

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SERGIO A. ITURBE

 

SERGIO A. ITURBE

(Córdoba, 1984) Corrector, traductor, asesor teórico y escritor. Estudió Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente se dedica a asesorar a tesistas de posgrado. Publicó en diversas antologías de Córdoba, Chile y Buenos Aires, además de participar en diversos medios gráficos. Dirige la Editorial Hielo Nueve y la empresa Córdoba Correcciones.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Con la literatura pasa como con cualquier producto cultural: en todos los casos, la literatura de moda termina eclipsando las producciones más notorias o “de calidad” en pos de un contenido que en muy pocas ocasiones hacen justicia con la forma. No quiero volver a la vieja dicotomía contenido/forma, como si fueran dos opciones excluyentes, pero lo que termina pasando es que hay ciertas emergencias colectivas que ponen en tela de juicio todo un andamiaje de la industria cultural: ¿por qué leemos lo que leemos? ¿Por la gente que lo escribe, por simpatía con sus posicionamientos políticos dentro del entramado social? ¿O lo leemos porque nos gusta cómo escriben, porque aportan algo a lo que, un poco hedonistamente, llamamos “la experiencia estética de la literatura''? Aclarado este punto, creo que se ha vuelto sobre un contenidismo, algo así como lo que pasó en los ´60 y 70 franceses, cuestión que opaca todo lo concerniente al estilo, por lo que muchas veces no queda otra opción que volver a lo viejo o a lo que se plantee como un realismo estilizado, fuera de los contenidos de moda actuales.

 

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

En la pandemia estricta, un poco por evasión y otro poco por tener un tiempo del que no disponía antes de la cuarentena, me vi leyendo uno por uno todos los clásicos de Stephen King, relegados a ese lugar en el que los estudiosos de la literatura ponemos a los best-sellers, para bien o para mal. Unos años antes de la cuestión del Covid, y como si fuera una premonición, había empezado a leer más sistemáticamente a todos los autores clásicos de ciencia ficción (Clarke, Asimov, Dick) y, articulados con estas nuevas lecturas (terror, principalmente), caí en la cuenta de que lo que estábamos viviendo era un poco la mezcla de esos dos géneros. Todavía escucho a mucha gente que evita el género de ciencia ficción como si todo se tratara de una mala copia de Star Wars, con naves espaciales y estética futurista que arrojan un contenido superficial y más proclive a la escenificación que a un guion más trabajado.

En ese sentido, y contrario a lo que dice el sentido común al respecto, creo que la ciencia ficción es siempre (y siempre lo fue) una crítica del presente, nunca del futuro. Sin embargo, como pasa también con el policial, hay muchos escritores (la explosión es en Estados Unidos, pero hay en todos lados) que han y están haciendo buena literatura de género, tanto de policial, como de terror y ciencia ficción, y que, como todo género, se pone énfasis en una forma, una estilización “obligada por el género”, pero que ofrece la posibilidad de innovar en cuanto a contenidos poco tratados y que nos interpelan por ser temas de actualidad.

Todo esto lo digo porque justamente estos tres géneros, considerados “menores” pero que ya de a poco se van instituyendo como fundamentales en el espectro de producciones, son a los que deberíamos prestar más atención: terror, policial y ciencia ficción.        

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RESCATANDO LIBROS EN ALEJANDRÍA de Maximiliano Guzmán

RESCATANDO LIBROS EN ALEJANDRÍA

de Maximiliano Guzmán

 

Yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas/ Y que impone el Islam sobre la tierra,/ Ordeno a mis soldados que destruyan/ Por el fuego la larga Biblioteca, /Que no perecerá.

JORGE LUIS BORGES

 

La historia es circular, un uróboro de guerra y paz.

Y la cultura de la historia se yergue y se borra, se olvida, se resucita, se recicla y vuelve a olvidarse.
Los textos sagrados, los pergaminos del Señor y las memorias del mundo nacen y se deshacen para que la cultura se enaltezca o se destruya, para regresar cambiada, inigualable, validando su época, prohibida en tiempo atrás o prohibida en el futuro. Prohibidos o populares, de autores anónimos o nombrados por el rey, los textos cuentan las verdades aparentes de la civilización.
Textos traducidos, narrados en voz alta y escritos en papel, reinventados a base de la memorización. Libros quemados y autores olvidados. ¡Al yugo del Fuego de la historia!
Naciones narradas desde su literatura, desde su tiempo en la Tierra. Páginas salvadas del fuego eterno y la cólera del Dictador. Textos, libros y autores que vuelven subiendo desde los avernos del silencio del olvido, vuelven por el recuerdo y la memoria de editores que metieron sus ojos y sus manos en el fuego para rescatar memoria antes de ser ceniza.
Y de las páginas quemadas se restaura el hombre y la mujer que pusieron sus letras, su sangre y su ilustre memoria.
Y de las páginas quemadas, la reconstrucción del mundo privado y la voz de una generación.
Textos cuidadosamente seleccionados, sacados de primeras impresiones, de ediciones mínimas o grandes y esplendorosas sin éxito. A la luz de un nuevo nacimiento, de nombres que resucitan de sus tumbas para narrarnos sus aventuras y desencuentros con sus ficciones que nos devuelven a una época o nos iluminan un vasto futuro de fuegos de artificios, terrores y bombas nucleares. Cualquiera sea la mención de los autores que los Editores deciden devolver a los anaqueles de bibliotecas modernas y librerías que funcionan como cadenas de supermercados. Los Editores entran a arriesgar con rituales de resurrección a esos autores que el tiempo arrasó y dejó un leve rastro de existencia.
Palabras, frases, capítulos que regresan del pasado para integrarse con el presente y mostrarnos el futuro o darnos evidencias de que el pasado es irremediable.
Editores y Editoriales que se pronuncian ante la inminente Fahrenheit de la historia y rescatan de las cenizas, de la memoria de una época a autores que nos recuerdan los años que fueron mediante imaginación y estilo personal. Nos recuerdan de donde venimos y hacia donde vamos con nuestra literatura.

En el último tiempo de los 2000s las Editoriales Argentinas han apostado por el rescate de autores que su voz fue apagada -por prohibiciones u olvido- restituyendo a la persona y al personaje que se nutre de sus letras.
Entre los rescates tenemos a:

Antonio Di Benedetto (1922 – 1986), autor nacido en Mendoza, subdirector del Diario Los Andes y corresponsal del Diario La Prensa, Docente y Periodista.
Autor de cuentos como “Aballay”, “Bizcocho para polilla” entre tantos otros y las novelas “Zama”, “El Silenciero”, “Los suicidas” y “Sombras, nada más…” regresó a los anaqueles gracias a la reedición y rescate de su obra completa por parte de la Editorial Adriana Hidalgo, que reeditó los Cuentos Completos, Escritos Periodísticos, Trilogía (Zama – El Silenciero – Los Suicidas) (También reeditados en forma individual), Sombras, nada más…, El Pentágono y Prefiero la noche, prefiero el silencio, completando su obra, dándonos una nueva oportunidad de leer al autor mendocino.

Aurora Bernárdez (1920 – 2014) tristemente reconocida como “Mujer de Cortázar” (como una de sus mujeres) Aurora fue una gran traductora, traduciendo a Bradbury, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Jean Cocteau, Paul Bowles, Paul Valéry, Jean Anouilh, Gustave Flaubert, Henri Michaux, François Mauriac, Lawrence Durrel, Gore Vidal, Italo Calvino, Ray Bradbury, J. D. Salinger, William Faulkner, entre otros. Pero también Aurora era una escritora refinada que escribía cuentos, microcuentos y poesía.
Estos textos secretos fueron rescatados y unidos en El libro de Aurora de Editorial Alfaguara, mostrándonos el talento puesto en secreto durante largos años de la traductora.

Eduardo Perrone (1940 – 2009) Autor de Tucumán con una gran trayectoria en los círculos porteños de literatura, tuvo su fulgor y su caída, siendo al mismo un personaje por su biografía carcelaria, haciendo más curiosa y valiosa su figura.
Perrone vuelve a las librerías desde su lugar de nacimiento, San Miguel de Tucumán donde la Editorial Falta Envido rescata toda su obra y nos muestra al mejor de los Perrone, trayéndolo hasta nosotros con las novelas Preso común, Visita, Francesa y Completo, Días de reír, días de llorar, Los Pájaros van a morir a Buenos Aires.
Un autor que supo conquistar Buenos Aires y fue lamentablemente olvidado, hoy resurge de las cenizas.

J. Rodolfo Wilcock (1919 – 1978) Escritor, poeta, critico literario y traductor que se estableció en Italia hasta su muerte. Fue traductor de Borges al Italiano. Inadvertido en Argentina, fue haciendo su camino literario mostrando un estilo característico y particular, pero siendo poco tenido en cuenta en Argentina, detalle no menor a la hora de incursionar en su rescate por parte de la editorial La Bestia Equilátera que rescata al autor reeditando El caos, El estereoscopio de los solitarios y El libro de los Monstruos.
La Bestia Equilátera se destaca por sus rescates de literatura extranjera además de nacional, con revival de autores como: Michael McDowell, Dan J. Marlowe, Alfred Hayes, Gaito Gazdanov, etc.

Y no solo de nombres propios tratan los rescates que se han llevado a cabo, también hay un titulo digno de coleccionistas que ha visto la luz.

Cinco hombres en Marte de Fernando Hugo Casullo, rescatado con entusiasmo y pasión por los redescubrimientos por parte de la editorial Ediciones Ignotas nos lleva a una aventura hacia Marte donde se cinco argentinos se topan con Dinosaurios, arañas, Marcianos, gorilas gigantes y una civilización antigua, viviendo una aventura única en su especie.

Y para encontrarnos con una novedad de nuestros días, cruzamos el charco y vamos hasta la editorial uruguaya +Quiroga que ha puesto en manos de los lectores seis novelas cortas de Horacio Quiroga escritas por el autor con el seudónimo de S. Fragoso Lima.
Seis novelas cortas que en principio habían salido en las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho.
Cinco novelas que se titulan:
Las fieras cómplices; El mono que asesinó; El hombre artificial; El devorador de hombres; El remate del Imperio Romano y La cacería humana en África.
Este rescate tiene su curiosidad que nos muestra a un Horacio Quiroga más cercano a Kipling, a Poe y a Verne.

Seguramente en próximos años saldrán viejos autores del olvido para ser novedad en Librerías y prevalecer, como también y por desgracia, habrá autores del presente viviendo el olvido lento y susurrado que los lectores más entusiasmados por Los Rankings y los Best Sellers le darán en cenizas de ceniceros y cajas destinadas a la basura.
Y otra vez el Uróboro…
Y otra vez seremos testigos de la quema de Alejandría.
Y vendrán nuevos editores y editoriales a sacar del fuego la memoria de esta época convulsa.

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GOLOSINA CANÍBAL

GOLOSINA CANÍBAL 

Conduce el timón del proyecto Golosina Caníbal. Publica el fanzine “Golosina Caníbal presenta”. De día, es editor y docente.


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Hay dos tipos de literatura que están sobrevaloradas en estos días: por un lado, la literatura de género en clave reflexión social; por otro lado, la literatura sensible y al natural.

En el primer caso, se trata de novelas y cuentos que abrevan en el terror, la ciencia ficción o el fantástico para hacer una denuncia o un reclamo. Así, un fantasma habrá sido una niña abusada, los monstruos son pequeños marginados por la sociedad y los dispositivos móviles amenazan con dejarnos en la soledad y la tristeza de la enajenación. Sin embargo, todo lector lo sabe: la literatura es inútil. Cualquier intento por convertir a los géneros literarios en vehículos de reflexiones de agenda falla.

En el segundo caso, hay una serie de obras mayormente traducidas, mayormente escritas por mujeres, mayormente publicadas por editoriales “independientes” que buscan un lector sensible y al natural. Esa literatura está sobrevalorada y ocupa posteos, stories y primeros lugares en rankings de ferias del libro alternativas. El problema con esa literatura es que de lo sensible se pasa a la sensiblería o a la hiperestesia. Entonces, los personajes van por sus mundos cotidianos teniendo experiencias místico-poéticas con un pequeño cactus, con un trago refrescante o con la luna. Tener una huerta se vuelve un hecho revolucionario o recordar al padre muerto que enseñaba natación es una epifanía. En estas obras ocurre una odisea sensorial mientras pasean un perro, observan un niño o preparan el desayuno. La literatura sensible sólo pone evidencia la falta de afecto, la falta de emoción y la falta de experiencias en la vida actual. Sueñan con huertas y vida natural con un latte en una mano y las stories de Instagram en la otra. 

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

Deberían tener más atención las obras que nadie lee nunca, los libros que quedaron olvidados en las bateas de usados, esas novelas que no se mencionan porque nadie paga para que se mencionen o porque no tiene onda mencionarlas, esos autores y autoras que el olvido fue engullendo, sin motivo o con saña, por azar o voluntad de mercado y de academia. Deberían tener atención, pero no reconocimiento. No se trata de erigir un contracanon, o de desterrar a algunos o algunas del podio para instalar a otros u otras. Se trata, más bien, de abrir los ojos de lector y de leer aquello que no fue leído, las zonas oscuras de la literatura, los pasillos olvidados de la biblioteca porque ahí, entre esos polvorientos estantes hay ecos, imágenes e historias que esperan. Que nos esperan. Que piden un lector que abandone lo novedoso y abrace lo nuevo. Aunque eso nuevo esté en el pasado o en las zonas opacas del presente.

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LAS VIRTUDES BURGUESAS (de Deirdre N. Mccloskey), por Alejandro Galay

LAS VIRTUDES BURGUESAS
de Deirdre N. McCloskey
Fondo de Cultura Económica, 2015
por Alejandro Galay


Ética y capitalismo en el nuevo milenio

Deirdre McCloskey (1942) es una economista e historiadora norteamericana, liberal y feminista, que viene marcando la agenda de la vertiente intelectual del Partido Demócrata desde hace varios años, merced a su perfil progresista y afín al nuevo capitalismo californiano de Silicon Valley como al espíritu académico de las universidades de la costa este. Episcopaliana, simpatizante del discurso posmoderno, estudió en Harvard y dio clases en la Universidad de Chicago.

En Las virtudes burguesas se mete con la historia de la Ética, una de las ramas clásicas de la filosofía. Y sale bien parada, casi a sus anchas, dando cuenta de una capacidad argumentativa sólida que despliega a lo largo de más de setecientas páginas, no todas igual de parejas.

Las virtudes burguesas, publicado por primera vez en 2006 y reeditado varias veces desde entonces hasta 2015 es, grosso modo, una propuesta de neoaristotelismo que vuelve a las nociones de “virtud” y deja de lado la confrontación moderna entre kantismo universalista y utilitarismo consecuencialista, tan propia de la tradición moral de los siglos dieciocho y diecinueve. A su vez, la autora encuentra el giro liberal a su lectura aristotélica de las virtudes. Los estados globalizados del siglo XXI, por su complejidad y diversidad, ya no pueden aspirar a dar felicidad a los ciudadanos (como en la vieja polis), sino que deben ayudar a que ellos la busquen. A tal efecto, la eudaimonía antigua se funde con los principios de los padres fundadores de la Constitución norteamericana y el espíritu de su escritura.

McCloskey no solo hace una crítica al imperativo categórico, a la deontología y al criterio benthamiano de maximización de beneficios, sino que se encarga también de reconstruir, al modo histórico, las distintas tradiciones de pensamiento que tiene la Ética desde Atenas, pasando por las escuelas helénicas, la patrística, el tomismo (sobre todo) y las tendencias contemporáneas siempre ajustadas al campo académico norteamericano, con las que discute acaloradamente: Rorty, Rawls y Nozick, entre otros.

En su afán neo-aristotélico, Las virtudes burguesas propone un compendio de las virtudes laicas y las cristianas, cuyo punto de partida es la prudencia griega (phronēsis, no entendida como “cautela”, claro está, sino como “saber hacer” en su sentido primero) seguida del coraje, la templanza, la justicia, más la fe, el amor y la esperanza (estas tomadas de la summa teológica cristiana).

El libro no solo es una propuesta para “la era del comercio” cuyo eje es el Tratado sobre los sentimientos morales de Adam Smith (autor del cual McCloskey es devota), sino que se trata de un recorrido por toda la historia clásica y medieval, con abundantes citas a Cicerón, la escolástica, y a la filosofía moderna como a otras manifestaciones (el cine western, el teatro, etc.).

A pesar de su filiación economicista típicamente neoclásica, Deirdre McCloskey gana favores y simpatías de los sectores de izquierda moderada, puesto que además es una militante feminista (en la línea Camille Paglia) y con una historia propia de mujer trans, ya que la autora fue hombre hasta 1995 (su nombre era Donald McCloskey).

En cuanto a su tradición filosófica, el eje moderno de referencia es el empirismo y la ilustración escocesa de Smith y Hume.

A todas luces, el abordaje de la eticidad rebosa de datos y épocas. Y más allá de los nombres, que abundan de principio a fin, el libro afronta polémicamente la figura del héroe trágico antiguo, Aquiles y Héctor, del caballero, el santo y el campesino medievales, para desembocar en el burgués moderno que ya no quiere la epopeya de la guerra sino la paz del comercio (a lo Alberdi). En ese plano, Las virtudes burguesas es un libro hermano de otro del recientemente fallecido Antonio Escohotado, Los enemigos del comercio. Vale decir que en la clasificación compartida las sociedades antiguas y feudales eran militares o clericales, y las modernas y contemporáneas son eminentemente comerciales, por lo que para vivir en ellas se requiere de ciertas virtudes. Es allí donde McCloskey hace todo un manifiesto a favor de la figura del hombre libre moderno que, por medio de la movilidad social ascendente que produce el libre comercio y la democracia parlamentaria republicana, alcanza un estatus de clase media trabajadora. Así, la economía requiere de preceptos éticos previos que combatan y limiten los arrestos despóticos como los monopolios comerciales. Por supuesto, todo esto conforme a los principios del liberalismo clásico, donde la desigualdad se justifica en la medida en la que se produce socialmente el efecto win-win.

Si la propuesta ética de McCloskey se actualizara, resultaría de mayor interés un diálogo con la corriente más interesante de estos tiempos, como es la del nuevo realismo, que tiene entre sus principales figuras a Markus Gabriel.

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ALEJANDRO GALAY

ALEJANDRO GALAY

Nació en 1978 en Bahía Blanca, es periodista,  docente y trabaja en comunicación institucional. Publicó el libro de cuentos Pánico de trinchera (Zona Borde, 2016), y las novelas La manzana de las luces (Malisia, 2017) y Odille (Alción, 2021)


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Literatura del “yo” en todas sus formas: autobiografías, diarios, epistolarios, memorias, etc. La mayoría no pasa de una reducción psicologista, anécdotas triviales y manifestaciones de hipersensibilidad juvenil. La literatura reducida a catarsis personal, narcisismo, bovarismo, solipsismo, etc.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

La literatura de viajes. Paradójicamente, es un género que se debilitó, que perdió sensiblemente su atención, en el mismo momento en que empezó a ser más fácil y accesible, por el desarrollo de las comunicaciones y los servicios turísticos, viajar a cualquier parte del mundo (época pre-Covid) como nunca antes en la historia.

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MARIANA DOCAMPO

MARIANA DOCAMPO

Mariana Docampo tiene publicados varios libros de ficción y no ficción, entre ellos Tratado del Movimiento, V y Estrella Negra.  Da talleres literarios y organiza el espacio Tango Queer Buenos Aires. 

 

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

La buena historia bien contada.  Es decir, la literatura que introduce argumentos en el mundo de una forma atractiva. O cualquier literatura que pueda difundirse desde un "tema", porque ese tema se debate por fuera de la obra misma, y la convierte en un apéndice del tema, una versión que ni suma ni resta, ni lo sacude por dentro.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

Cualquier literatura que proponga una exploración, una experimentación con la forma.  Porque en la experimentación con la forma se funda el contenido.  Cualquier literatura que  se arriesgue, que no vaya a lo seguro, porque es la dosis de libertad que necesita el mundo para no cerrarse por completo a la mímesis.

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VALENTINA VIDAL

VALENTINA VIDAL

Valentina Vidal nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es escritora y música. Su primera novela Fuerza Magnética fue publicada por Tusquets Editores Argentina en el 2019, publicó varios de sus cuentos en diversas antologías y su primer libro de cuentos Fondo Blanco salió por Llanto de Mudo ediciones en el 2013. En la actualidad se encuentra trabajando sobre su segunda novela y un libro de relatos. Coordina talleres de escritura y clínica de obra.  

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Creo que la percepción sobre una obra o autor es completamente subjetiva. Inclusive, a medida que las lecturas crecen, una misma cambia de idea sobre el impacto que provocó determinada obra del propio camino lector. Será que una de las cosas que más me interesan es la multiplicidad de las miradas, entender cada ángulo de la verdad, aunque sea el camino más largo y complejo. Mientras un libro esté trabajado va a merecer todo mi respeto, sea cual sea el autor y el género literario.

¿Por qué? Porque uno de los males de estos tiempos es poner en duda todo aquello que al otro le da placer a partir de desvalorización y de la continua declaración del propio ego.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

Esa es una respuesta que está condicionada al conocimiento, que es escaso en comparación a toda la literatura que debe haber subvalorada en el mundo y en la historia. Cada era tiene su propio reconocimiento, depende de los movimientos sociales que se generan. Luego de la pandemia, las distopías se vieron obligadas a reconfigurarse, el terror ya no era tan terrorífico y la narrativa realista tuvo que nutrirse de nuevos conflictos. Sin embargo, creo que algunos grandes libros a veces quedan a la sombra de los sucesos literarios, perdidos en el ruido del mainstream y las redes sociales. En esos casos me gusta creer que somos un suspiro en la historia y que tarde o temprano, las obras llegan a su destino.

¿Por qué? Si contamos que hicimos durante la Pandemia no estamos escribiendo nada nuevo porque todos pasamos por el encierro, el miedo y la pérdida. Para la literatura de ficción siempre el desafío es aportar una mirada nueva y creo que estamos frente a muchas preguntas vitales a la hora de escribir. El esfuerzo será recompensado si el lector se siente interpelado habiendo atravesado igual o peor un momento tan dramático e histórico como este. Lo importante es que los autores no nos estemos condicionados frente a lo que queremos escribir. Que esta porción de tiempo y cualquier otra nos atraviese y se nos filtre en la escritura es algo natural, es una marca de época, pero escribir deliberadamente sobre un tema desde cierta perspectiva con el fin de ser publicados y vendibles es otra. Por eso insisto en que la escritura de ficción tiene la obligación de ser honesta, sin trucos, tiene que lograr salir desde el estómago y ser una ventana abierta para contar una historia que haga preguntas y que los lectores la completen con sus propias respuestas. En definitiva, lo que hacemos es contar, narrar con un pasado sobre la espalda y una mirada repleta de construcciones personales sobre el presente, junto con la incertidumbre de un futuro que no conocemos y que ahora se nos presenta peligroso. Entonces, ¿qué diatribas podemos argumentar sobre tal o cual libro con todo el trabajo que nos queda por hacer a la hora de crear una obra y ser lo más fieles posibles a nosotros mismos? 

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SEBASTIÁN PANDOLFELLI

SEBASTIÁN PANDOLFELLI

Músico, compositor y escritor fue discípulo y asistente de Alberto Laiseca. Publicó Rocanrol (Funesiana, 2008), Choripán social (WU WEI, 2012 y Tambo Quemado Chile, 2013), el poemario Esquina de Diamante (Peces de Ciudad, 2017), Diamante (Galerna, 2017) y cuentos en diversas antologías.


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Desde hace tiempo circula un tipo de literatura nihilista en la que parece que al autor no le importara demasiado el hecho literario o la construcción de una obra, ni la transmisión de algún tipo de mensaje, sino que es más un juego, un pasatiempo onanista que refleja la tendencia al individualismo en este sistema capitalista deshumanizado en el que nos tocó vivir.

No se nota que esos textos tengan un real trabajo de escritura, de corrección, una artesanía del fraseo, un interés real en la forma y el tema para dejar plasmada una buena aventura literaria. O sea, son libros que no dicen nada en 200 páginas de puro ombliguismo aburrido. Esos libros suelen ser procesados y digeridos exitosamente por el mercado y los lectores que caen en las trampas del periodismo cool-tural que cobra por reseñas amiguistas (en capital metálico o simbólico). Hoy hay mucha seudo filosofía basada en series de televisión, novelas que parecen manuales de autoayuda, etc. No sé si está bien o mal que existan, sobre gustos no hay nada escrito, pero sí creo que ese tipo de textos está sobrevalorado.

¿Por qué? Porque son rejuntes de anécdotas, no son más que un capricho del autor para conseguir no sé qué clase de “prestigio” o un lugarcito en el pequeñísimo mundillo de los literatos y que lo conviden de un pedazo de torta. O son tipeados a pedido de algún editor de una multinacional que lo encarga como producto para la venta, como si fuera una hamburguesa. La mayoría son olvidables, a veces ni siquiera tienen una historia para contar, son redacciones correctas, pero sin literatura. Esos libros sólo ocupan lugar en estantes de librerías y meses después vuelven a ser pulpa de papel o se queman. Y con los suplementos que bombardean reseñas, a la semana están envolviendo huevos en la verdulería.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué?

En esta época existen miles de canales para la difusión de la literatura, las revistas online, los videos de youtube, Instagram, etc. Todos esos medios, hace rato que le coparon la parada a los suplementos cool-turales de los medios hegemónicos y les vienen ganando por goleada. Por eso ya no hay tanta desatención a algunos subgéneros que hace años eran considerados menores, como el terror, el fantasy, la comedia, el pulp, el policial, la sci-fi, los zombies, y tantos otros. Por otro lado los límites entre géneros y subgéneros se fueron corriendo y muchas veces se mezclan, dando como resultado textos híbridos que son muy buenos. Hay que tener cuidado de que las gigantes multinacionales de venta de entretenimiento no coopten por completo estos nuevos canales de difusión como hicieron con los otros.

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RICARDO STRAFACCE

RICARDO STRAFACCE

Publicó Osvaldo Lamborghini, una biografía, César Aira, un catálogo, tres libros de poesía, dos obras de teatro, una crónica y quince nouvelles.


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada?

-Libro: Respiración artificial.

-Autor: Piglia, todo Piglia.

-Tipo de literatura: la literatura con personaje-alter ego-que se las saben todas.

Horacio Oliveira, Emilio Renzi y Esteban Espósito son los ejemplos más fusilables. Ojo: Pichón Garay y compañía bailan el mismo pericón.

Una salvedad: Cortázar fue un pionero y estaba a tono con su época. Además, en Rayuela inventó muchas cosas admirables. Vistosas al menos.

Otra salvedad: el minué del retorno de los personajes a Saer lo perjudica más de lo que lo ayuda.

Lo de Piglia y Castillo, en cambio, es deplorable sin matices. No logro entender cómo tanta gente aplaudió y sigue aplaudiendo esos cotillones.

¿Por qué?

Por morondangas como esta:

RICKY PIG: Espejito, espejito: ¿quién de nosotros escribirá el Facundo?

CORO ESTABLE DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS (UBA): ¡¡¡Vos, papito, vos!!!


¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene?

Los libros de poesía no autoreferenciales.

¿Por qué?

Porque están en extinciòn.

Macedonio Fernàndez: “Yo quiero que mi lector sepa siempre que está leyendo una novela, y no viendo un vivir, no presenciando ‘vida’. En el momento en que el lector caiga en la Alucinación, ignominia del Arte, yo he perdido, no ganado lector”. (Museo de la Novela de la Eterna).

(Créditos de fotoLola García Garrido)

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YAMILA BÊGNÉ

YAMILA BÊGNÉ

Licenciada en Letras (UBA) y Magíster en Escritura Creativa (UNTREF). Publicó los libros de relatos: Protocolos naturales (Metalúcida, 2014), El sistema del invierno (Outsider, 2015) y Los límites del control (Alto Pogo, 2017). Novelas: Cuplá (Omnívora, 2019) y La máquina de febrero (Leteo, 2021). 

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué?

Me cuesta aplicar un criterio como el de “valor” a la escritura, a la literatura. Hay, en todo caso, pautas de lectura o de escritura, y hasta de circulación editorial o de mercado, con las que puedo estar más o menos de acuerdo. Reformulada así la cuestión, quizás haya una sobrecirculación de ciertas escrituras que en general se estiman como de “lectura de una sentada, rápida”, y de ciertos narradores que parecen no una construcción formal, sino más bien una mímica de la voz interna que todxs tenemos, la voz de la ducha, y que se repite y se repite y se repite sin traspiés.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué? 

Afortunadamente, tenemos un mundo editorial con lugar para todo tipo de literatura. Sin embargo, desde hace un tiempo se está ampliando el espacio para escrituras desatendidamente veloces, sin mucha intención más allá de la mera publicación. Hay también proyectos de escritura, de obra, y proyectos editoriales, que apuestan a lo contrario: a la búsqueda de formas que en principio pueden resultar trabadas, lejanas, hasta extremas o demasiado marcadas. Creo que es por y en escrituras así, por y en proyectos así, que se van ensanchando nuestros modos de leer y de pensar. Pero no sé si es posible pretender, o ni siquiera desear, que tengan más atención o reconocimiento: quizás hay una razón por la que tienen que circular y leerse menos. Verdaderamente, no lo sé.

(Créditos de foto: Umar Timol)

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LUCIANA STRAUSS

LUCIANA STRAUSS

Luciana Strauss es socióloga, docente universitaria y escritora. Es profesora de talleres de escritura y de tesis en IDAES-UNSAM y en el Centro Universitario de San Martín (CUSAM), que funciona en la Unidad Penal N° 48 de José León Suárez.. Publicó artículos, reseñas, ensayos y cuentos en revistas académicas en ciencias sociales, de divulgación y literarias. Fue finalista del Primer Concurso de Narrativa Bernardo Kordon, organizado por las editoriales Conejos y Paisanita (2015) con la novela El Ente, que salió publicada en 2018 por la editorial Alto Pogo.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que está sobrevaluada? ¿Por qué? 

Considero el/la escritor/a como figura está sobrevaluada. Somos personas de carne y hueso, que ejercemos un oficio, para algunes se disfruta, para otres se sufre, o las dos cosas, por qué no. Nuestro oficio, como dice Hecker, implica trabajo y creación, somos trabajadores/as de la palabra.

¿Qué libro, autor o tipo de literatura considera que debería tener más atención o reconocimiento del que tiene? ¿Por qué? 

No es fácil publicar. Y no siempre llegar a concretarlo depende de la calidad de la obra del autor/a, sino de los contactos, y por qué no también de algo de suerte. Por eso muchos textos valiosísimos no llegan a las editoriales, o si llegan tardan mucho en ser leídos entre tanto material que reciben. Me gusta mucho cómo escribe Nubia Bado, sus historias siniestras de adolescentes y niñes me recuerdan a Mariana Enríquez. También lo de German Moretto, por el absurdo del humor que maneja. Pronto saldrá publicada una novela de él, ojalá puedan leerla. 

(Créditos de foto: Mailén Albamonte Pizzaro para Alto Pogo)

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JIRONES DE VIDA: EVITA Y ELIGIA EN EL DESIERTO Y SU SEMILLA, DE JORGE BARÓN BIZA (Adelanto del ensayo El fin de siglo y la novela única: Jorge Baron Biza y Salvador Benesdra) por Facundo Gauna

JIRONES DE VIDA: EVITA Y ELIGIA EN EL DESIERTO Y SU SEMILLA, DE JORGE BARÓN BIZA (Adelanto del ensayo El fin de siglo y la novela única: Jorge Baron Biza y Salvador Benesdra)

por Facundo Gauna 

“Me quema en el alma, me duele en mi carne y arde en mis nervios.”

Anteúltimo discurso de Eva Duarte; 17/10/1951

 

 

I. Contexto.

En 1998, con más de 50 años, Jorge Baron Biza publica de su propio bolsillo la única novela que llegará a escribir, titulada inicialmente Leyes de un silencio. Será El desierto y su semilla. En septiembre de 2001 se suicida tirándose del piso doce de su departamento en la Ciudad de Córdoba.

La novela, de fuerte impronta autobiográfica, narra los hechos posteriores a la agresión que sufre su madre Clotilde (Eligia en la ficción) por parte de su padre Raúl (Arón).

Rosa Clotilde Sabattini fue profesora de historia, pedagoga, presidenta del Concejo Nacional de Educación, responsable del primer estatuto docente, hija del gobernador radical cordobés Amadeo Sabattini, figura antagónica de Eva Duarte de Perón (se llevaban unos seis meses), encarcelada en el primer gobierno peronista, exiliada en Uruguay en el segundo, injustamente sesgada en la historia nacional, y veinte años menor que su marido Raúl Barón Biza, un radical revolucionario yrigoyenista, escritor de novelas iconoclastas con aura de malditismo, millonario que derrochó su fortuna entre la militancia política y las putas europeas.

El domingo 16 de agosto de 1964 los padres de Jorge Baron Biza se dieron cita junto con sus abogados en el departamento de Raúl en la Capital Federal para darle cierre al postergadísimo divorcio de un matrimonio que duró, entre idas, venidas y desavenencias, casi tres décadas.

Transcurrido cierto tiempo de la reunión Raúl, contra todo pronóstico, le tiró a la cara de Clotilde el contenido de un vaso de whisky: era vitriolo, un ácido corrosivo. Unas horas después, ya solo en su habitación y con su esposa internada de urgencia en un hospital, se puso una robe de chambre adornada con caireles de seda, tomó un veneno que en vez de matarlo, se comenta, le aflojó las tripas y entonces, recostado en la cama con un whisky a mano (ahora sí un whisky), se metió un tiro de un revólver .38 largo en la cabeza.

A partir de este hecho un veinteañero Jorge Baron Biza acompañará a su madre (vagabundeos y borracheras mediante) primero en Buenos Aires para las curaciones elementales, luego en Milán aspirando a la reconstrucción de ese rostro deshecho, geológico.

Es este el material del que se nutre el autor para crear un artefacto ficcional en el que consigue, transgrediendo la fuente de origen de la narración, correr al lector de la lectura llana autobiográfica para llevarlo al terreno de la literatura.

Dijo Baron Biza: “Se leyó mucho lo autobiográfico y el sufrimiento no legitima la literatura. Lo que legitima la literatura es el texto.”


II. Carne (fragmento).

(En El desierto y su semilla: el doctor Calcaterra empeñado en la reconstrucción del rostro vitroleado de Eligia. En la Argentina, una década atrás: el médico Pedro Ara contratado para la conservación, el embalsamamiento del cuerpo de Evita.)

Christian Ferrer, ensayista y sociólogo, se encargó en varias oportunidades de poner un foco lúcido en el tema de la carne: “Todos los oficios y vicisitudes asumidos por los protagonistas de la novela de Jorge Barón tienen inmediata intimidad con el cuerpo: cirujanos plásticos, enfermeras, prostitutas, pacientes postrados en sanatorios, propietarios de casas de pompas fúnebres, el cadáver embalsamado de Eva Perón. Es ésta una obra singular y notable que se integra a los pocos libros argentinos que interrogan el drama de la carne.”

Eligia. Evita. La casualidad del hecho histórico de haber coincidido las dos (Clotilde, Evita) a pocos kilómetros de distancia en la ciudad de Milán: una muerta, ocultada bajo tierra, preservada y sin embargo un cuerpo que ha sido robado, mutilado, ultrajado y vuelto a recuperar; la otra viva, también ultrajada, violentada, en constante transformación, paciente en varios sentidos. “[…] una, perfecta, eterna, enterrada a escondidas y bajo falso nombre; otra, destrozada, ansiosa de trabajar, tratando de regenerar su propio cuerpo bajo la mirada asombrada de todos.”

Evita no del todo eterna, o en todo caso no tan perfecta (la posibilidad de la corrupción de la carne y su vulnerabilidad ya se habían impreso en su cuerpo, tanto en vida como embalsamado), aunque sí para el sello y el mito, el relato y la posteridad (en el orden de lo intangible).

En la novela, cuando por fin la bruma de las especulaciones y las fake news de entonces se esfumaron y se descubre el destino del cuerpo de Eva Perón, Mario Gageac, el narrador, habla del “cadáver hermoso e intacto de la mujer del General” (corre el año 1971). Jorge Baron Biza ubica al narrador asentándose en la imaginería en torno al cadáver de Evita en aquellos años setenta dejando de lado la información que tanto él al momento de escribirla como gran parte del país en los ’90 ya tenían acerca del derrotero de ese cuerpo embalsamado y no precisamente “intacto”: Tomás Eloy Martínez publicó Santa Evita en 1995. Pero nunca se desentiende. Escribe, con una referencia algo elíptica sobre el daño que se presume le hicieron al cuerpo, haciendo hablar a una anciana que trabajó en la casa de una hermana de Eva Perón: “Entonces aprovecharon sus enemigos para robarle el cuerpo de la Señora, que ya estaba embalsamada, que se dice, y se la vía como el angelito que siempre hai sido, y ahí le hicieron eso que le han hecho. ¡Vaya Dios a saber las maldades que le han hecho!

Y las dos, Evita y Eligia, bajo la sombra del ácido: en una como amenaza latente, en otra como tragedia consumada.

“Este cuerpo es imputrescible, eterno. Solo lo podrían destruir el fuego o algunos ácidos.” (*)

La Santa. La Mártir. La Inmaculada. La Milagrosa. Sigue la anciana: “–… [A los doce años] jugando golpeó el mango de la sartén que estaba al fuego, y el aceite quemó todo su cuerpo de angelito. […] Fue tanto el dolor de la quemazón que se quedó muda, en silencio, a la luz de los refucilos. […] Quedó convertida en una costra que caminaba, una imagen que metía miedo a los otros chicos. Pero la costra cayó un día como un solo molde, en una pieza, y debajo se vio una piel como nunca nadie vio, una Compañera amasada en el dolor y la quemazón.

“Eligia no gritaba; se arrancaba la ropa y gemía en voz baja. […] Eligia solo gemía, con la boca cerrada, y se arrancaba sus ropas mojadas con ácido quemándose también las palmas […]”.

Las grandes oradoras enmudecidas ante el dolor, estoicas.

 “–De todas maneras, se odiaban.”, la interpela Mario a una Eligia convaleciente en el hospital de Milán. “Ella pensó largamente antes de responder «sí».”

Las dos regresarán a la Argentina. Una, embalsamada, acabará en una bóveda del cementerio de la Recoleta, resguardada bajo el peso de dos placas de acero a varios metros de profundidad; la otra, viva, arrojándose al vacío desde la altura, al igual que su hijo Jorge, quitándose la vida.

(*) Frase tomada de un artículo periodístico que le lee el personaje de Mario a Eligia en el hospital de Milán; la frase corresponde a una cita del encargado de la preservación y embalsamamiento del cuerpo de “la mujer del General” (se entiende que refiere a Pedro Ara). Nos indica Baron Biza en el apartado “Fuentes” al final de la novela: “Algunos fragmentos del artículo periodístico del capítulo IV han sido sugeridos por «Aquí yace Eva Perón», Buenos Aires, enero de 1966”.

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