VILLA CELINA (de Juan Diego Incardona) CECA- por Ariel Gamarra

VILLA CELINA
de Juan Diego Incardona
Editorial Norma, 2008


CECA- por Ariel Gamarra

Apuntes rápidos sobre Villa Celina de Juan Incardona
Villa Celina, el libro de Juan Diego Incardona, es una mala forma de entrar en la geografía de los barrios. Es una mala forma de adentrarse en el universo mítico de un barrio. La lectura se retuerce cuando los cuentos van amontonándose. Si uno lee la contratapa y las recomendaciones de ciertos escritores y críticos, vemos, por ejemplo, que Washintong Cucurto dice que la voz del narrador asusta, y realmente tiene razón: cuando llegamos al cuento llamado Los reyes magos peronistas, nos asustamos. La carencia de ideas y el intento de unidad, es sólo aparente.

El motivo es perceptivo, como si uno leyera el Billiken o una de esas revistas para niños. Es un panfleto de una época borrada por la historia. Es el panfleto de un peronismo inexistente, vacío y demagógico. Esa es la bandera del libro, no del barrio. Nos preguntamos varias veces si debíamos seguir, y lamentablemente lo hicimos.

El error de este titiritero es hacernos creer que los lectores somos parte de ese juego. En Los reyes magos peronistas el lector puede advertir el intento de comercio. El escritor es un gran vendernos de gatos por liebres. Ha pasado mucha agua bajo el puente, hay algunos errores que se aprenden. Las sociedades cambian y un general, al fin y al cabo, es un general.

Debemos destacar que en los textos del escritor Juan Diego, encontramos paisajes llenos de irrealidades. Superfluos e ilusos. Y cuando el lector se acostumbra a la ilusión que nos plantea, él modifica el discurso con un acentuado intento de volverse un pibe de barrio. El habla del barrio penetra el discursillo del narrador y de la ilusión se va al esfuerzo desmedido y poco elaborado de la jerga barrial. Pero es como intentar que el blanco se vuelva negro. Lo notamos, peca intentando transformar algo que no es. El peronista es peronista y el pibe de barrio, es otra cosa.

El error se encuentra en querer ser algo que no es. En querer aparentar cosas que no son. Nosotros no caímos en el gualicho, como otros lectores que tampoco lo han hecho y han pagado un $36, creídos que iban a ver una geografía fiel de sus barrios. Quienes no han caído engualichados, no deben haber nacido en Villa Celina. El mercado a veces impone un cartel que no siempre es el más sano. Si no, amigos, miren cualquier programa de televisión.
No todo lo que brilla es oro.

El cuento termina bien
El último cuento es interesante. El resto es para el olvido, o para el recuerdo de un producto que brilla por fuera. Incardona y sus textos se vuelven un objeto, un artículo. Es lo mismo que una lapicera (sin tinta) o una propaganda de radio porteña de años cincuenta.

Enumeramos algunas recomendaciones para la lectura:
Primero: Walter y el perro de dos narices es el último cuento, se recomienda leer sólo este pero si el lector quiere secundarnos en las aventuras, lo entendemos: La curiosidad mató al hombre.

Segundo: El escritor va a mostrarnos ciertos gestos de dominio estilístico pero siempre es a favor de la gran ilusión que nos hace creer. Por ser panfletario peca de ser una escritura desarticulada, infantil, ilusa, demagógica, billikeniana. Nos vamos acercando al epicentro de la cuestión.
Tercero: Las cuestiones políticas siempre pueden leerse entre líneas. No es necesario vendernos gato por liebre. Ya hemos pagado por eso. Lo que verdaderamente nos asusta, lector, es que detrás de esos falsos engranajes hay otro mecanismo oscuro. Es el fin del barrio. La muerte del barrio a manos del panfleto barato y gregario. La poesía de los que quieren dormir a los hombres, de quienes han mostrado que el camino era un escalón hacia la boca del lobo

Cuarto: Al comprar un libro, no siempre hagan caso a las contratapas, a veces mienten. Nosotros nos hemos visto en una obligación.

La bicicleta está, porque está, en el mercado. ¿Qué nos vende? ¿Qué intenta decirnos? ¿Qué nos intenta meter en la cabeza? El cuento termina bien. Termina bien porque entendemos hacia adonde apunta: titiriteros. Ideologías que se abastecen mutuamente, que se pegan, que se juntan. No necesitamos una literatura de la mentira, de lo que no ha sido, de lo que no es, de lo que no será. No necesitamos una literatura que nos haga creer una ilusión, que nos haga ver espejismos, porque esa literatura se ha comido al escritor, propulsada por una intención única y asquerosa: mercado.

El panfleto literario ha sido utilizado en todas las épocas. Varios han sido los motivos pero la mayor cantidad de las veces, para esconder grandes atrocidades. Todo lo que brilla no es oro. Los espejos se guardan bien al fondo del camino. Lo más apenante sería que el escritor no cayera en cuentas de lo que ha hecho, y en ese caso, lo aceptaríamos. Siempre es posible el cambio.

El mercado alienta al panfleto, siempre lo ha hecho. El mercado es el que promulga la locura y a veces, se mete, camuflado, en las cabezas de los distraidos.

Un par de alpargatas pueden más que una yunta de bueyes.

1 comentario:

Rosny dijo...

No es literatura panfletaria. ¿De donde sacan eso? Es parodia (excepto por el último cuento, ese de las bicicletas, que es una joyita literaria que debería estar en algún manual de texto para que los chicos lo lean en la primaria).
Incardona es como Cucurto: esos tipitos que caen en Letras porque leyeron a Cortázar, a Sabato y a Borges, y se creen que pueden dedicarse a la literatura, y destacarse como escritores. Después aprenden que escribir -y, sobre todo, escribir "bien"- no es tan fácil como parece, y quedan como en medio de un naufragio, sin una poética desarrollada ni el deseo de desarrollarla. Entonces recurren a la parodia (ya que no tienen futuro como escritores se convierten en bufones, como Diógenes el Cínico que no pudo ser el mejor de todos y entonces decidió hacer lo peor) pero de modo subrepticio, y magicamente se ganan un lugar en las letras porteñas, porque éstas son tan tilingas que no sólo están abiertas a tipos como Incardona o Cucurto, sino que además los buscan y les hacen un espacio.

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