ORTOGRAFÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA (por Silvia Reneé Arias)

ORTOGRAFÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
por Silvia Reneé Arias

¿NADIE NAVEGA POR UN PICARO?

Dicen que no es revolucionaria. Tampoco una revisión. Es nueva (o lo era hace unos meses, cuando se presentó en nuestro país en edición rústica de 800 páginas). Se destaca por una gran capacidad expositiva. Revisa, actualiza, simplifica (“la opcionalidad es el cáncer de la ortografía, porque mina la unidad”, como bien dice el Dr. Pedro Luis Barcia (Entre Ríos, 1939), Doctor en Letras, lingüista, profesor e investigador universitario. Y para acabar con los malentendidos, lo supimos entonces: no se usa la “k” por la “c” (nada de kasa, felizmente), y no se suprimió la “h” muda, mal que le pese a Gabriel García Márquez, que en 1997, en el Congreso Internacional de la Lengua Española, abogó por “quitar la hache rupestre”.

Hablamos en esta oportunidad, porque es un tema atemporal, por lo menos hasta la próxima, de La Ortografía de la Lengua Española, que tuvo su presentación electrónica (alias “Power Point”), en la sede de la Academia Argentina de Letras, por el destacadísimo académico de la RAE Salvador Gutiérrez Ordóñez, y el ya mencionado Dr. Barcia.

Con el inteligente sentido del humor que lo caracteriza, durante una hora, aquel día, Barcia hizo gala de su fino arte de la oratoria para transmitir (perdón, “trasmitir”) las premisas básicas de la obra, desde el principio de que “escribir como se pronuncia es el gran avance parcial de esta Ortografía”, pasando por la simplificación de grupos consonánticos (“psicología”, como ya se sabe, pero no viene mal recordarlo, dejó de existir: ahora es “sicología”, al igual que “transporte” ha sido sustituido por “trasporte”, y un día no muy lejano el temible tsunami perderá la “t”, a ver si con eso también algo de su devoradora velocidad), hasta la constatación de que “la ortografía es penosa de aprender y de allí la reacción fuerte frente al cambio de sus reglas”.

En efecto, desde su presentación en España, esta obra desató tantas polémicas –ya casi olvidadas-, como adhesiones. No se trata aquí de reflotarlas. Pero resulta interesante conocer de qué modo los académicos se defendieron de las objeciones que presentó, por ejemplo, el escritor Javier Marías... ¡miembro de la Real Academia Española desde 2006!)

En primer lugar, Marías se mostró, con razón a mi humilde entender, en contra de quitar la tilde a “solo” (adverbio “solamente”). La RAE, dice la RAE, no la pone en sus obras publicadas desde 1960. Entonces, ¿cuál es la novedad si se suprime cincuenta años después? En segundo lugar, el uso de la minúscula para mención de un príncipe, por ejemplo. Marías apunta que debería emplearse la mayúscula (el Príncipe de Gales, para no confundir con una tela o un noble. “Pero el contexto lo desambigua”, dice la RAE: nadie va a una sastrería a comprar un noble, ni un traje inaugura el Derby. Lo mismo sucede con los accidentes geográficos: el golfo de México, la cordillera de los Andes. Marías defiende el hecho de que “golfo” pueda significar pícaro. “El contexto lo desambigua”, insiste la RAE: nadie navega por un pícaro, ni la policía persigue por las calles al accidente geográfico. (Es posible disentir: “el golfo de México” podría hacer alusión a un pícaro oriundo de ese país).

De próxima aparición, la Ortotipografía del Texto que, dicho sea de paso, junto con la Corrección de Estilo, se exige en la formación básica que recibe el traductor. Y la Ortografía Básica.

Pero para terminar, y a propósito de Javier Marías, cómo no mencionar su novela, Los enamoramientos, premio Europeo a la Mejor Novela del 2011, editada por Alfaguara. Eso sí: si y solo si uno ama las buenas historias y las frases largas… las mismas de las que hace gala este verdadero rey de la digresión, también conocido como el inútil defensor de un tilde ya para siempre perdido.

2 comentarios:

Alma dijo...

"Psicología se escribe con «p» inicial por derivarse la palabra griega «psyché», que comenzaba con la letra «psi». A partir de la edición del Diccionario de la Academia de 1956, se incluyó también la forma «sicología», que no fue bien recibida por los profesionales de esta disciplina y sus ramas afines, por lo que, en los tratados en español, se utiliza casi siempre la forma «psicología». La variante sin «p» es más usada por la prensa y por legos.
Otra razón más para ponerla es que «sicología» se puede entender, por razones etimologócias, como «ciencia de
los higos». De hecho, «sicono» singifica «infrutescencia de la higuera y especies afines»."
http://www.elcastellano.org/consultas.php?Op=ver&Id=743

Alma dijo...

Sobre a normatividad de la escritura de la palabra psicología, encuentro interesante considerar este punto de vista:

"Psicología se escribe con «p» inicial por derivarse la palabra griega «psyché», que comenzaba con la letra «psi». A partir de la edición del Diccionario de la Academia de 1956, se incluyó también la forma «sicología», que no fue bien recibida por los profesionales de esta disciplina y sus ramas afines, por lo que, en los tratados en español, se utiliza casi siempre la forma «psicología». La variante sin «p» es más usada por la prensa y por legos.

Otra razón más para ponerla es que «sicología» se puede entender, por razones etimologócias, como «ciencia de
los higos». De hecho, «sicono» singifica «infrutescencia de la higuera y especies afines»."

Tomado de:
http://www.elcastellano.org/consultas.php?Op=ver&Id=743

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