LOVECRAFT. CONTRA EL MUNDO, CONTRA LA VIDA (de Michele Houellebecq), por Diego Gentile

LOVECRAFT. CONTRA EL MUNDO, CONTRA LA VIDA
de Michel Houellebecq
Anagrama, 2021
por Diego Gentile

Lovecraft, contra el buen gusto, contra la literatura.


Lovecraft fue, según el gusto de quien lo lea, un genio visionario o uno de los escritores más ridículos de todos los tiempos, con una debilidad fatal por acumular adjetivos como “horrible” e “indescriptible”. El horror cósmico fue la base de partida de su obra, y además inventó una mitología única compuesta por los indescriptiblemente antiguos “Primordiales”(o también traducidos como “Antiguos”) Entre ellos, tenemos al gran Cthulhu, un ser horripilante, con cara de tentáculo, alas de murciélago, enormes dimensiones, que acecha bajo los océanos más profundos y más allá de las estrellas más lejanas, que está solo y espera. Muchos críticos destacaron la escasa calidad literaria de sus trabajos, entre ellos, el crítico estadounidense Edmund Wilson, que escribió que el único horror real en la obra de Lovecraft era el "horror del mal gusto y del mal arte".

Otros lectores calificaron a Lovecraft con más generosidad, entre ellos Borges, Stephen King y Joyce Carol Oates, pero nunca la obra del norteamericano tuvo una defensa como la de Michel Houellebecq, hoy por hoy, de los novelistas contemporáneos de más renombre. Para Houellebecq, Lovecraft es uno de los escritores más importantes del siglo XX. 

Para Houellebecq, los relatos de Lovecraft son magníficos y vibran como encantados. Incluso elogia a Lovecraft como estilista. Una movida audaz, teniendo en cuenta que Houellebecq tiene el inglés como segundo idioma (de hecho, dijo en varias entrevistas que se mudó a Irlanda durante un tiempo para escapar de los impuestos y para hablar en inglés). Houellebecq sostiene que el estilo de Lovecraft es fantásticamente ampuloso, y además está impregnado de un retorcida retórica, ligada a sus delirios de ser un caballero del siglo XVIII.

Otra idea que se desprende del ensayo de Houellebecq, es que una de las cosas que hace a Lovecraft tan distintivo es el horror que encuentra en la idea de un tiempo y un espacio infinitamente profundos y el conocimiento de un universo monstruosamente indiferente ajeno a nuestro pequeño mundo de valores humanistas.

Tal vez el mayor mérito del libro de Houellebecq sea es de poner sobre la mesa un tema que nunca se trabajó tan acertadamente: A pesar de los tentáculos, las alas de murciélago y la muerte que puede perecer con el paso de los eones (?), el verdadero lado oscuro de Lovecraft es su odio étnico. Asombra la intensidad del mismo en las citas que hace Houellebecq de su correspondencia, demostrando que no son  interpretaciones ni sospechas infundadas, sino un pensamiento intrínseco a la visión de Lovecraft. Como dato de color, se puede pensar, a partir de algunos de los propios trabajos de Houellebecq, que ese racismo es evidentemente algo con lo que tranquilamente puede empatizar.

Volviendo a Lovecraft, el libro nos muestra como este criado en un ambiente conservador de Nueva Inglaterra, nunca se recuperó del impacto de su época de pobreza en las calles de Nueva York y lo dejó con la convicción de que, a la larga, las "personas sensibles" serían pisoteadas por "chimpancés grasientos" (inmigrantes y personas de estratos sociales inferiores al suyo).

Este es el subtexto humano de la cosmología pesimista de Lovecraft, donde la cordura y la civilización están condenadas a verse abrumadas por malignidades innombrables. Los Antiguos (como Shub-Niggurath 'la cabra negra con mil crías', Nyarlathotep 'el caos reptante', el dios idiota Azathoth y, por supuesto, el propio Cthulhu, durmiendo en la ciudad sumergida de R'lyeh), son supuestamente adorados por gente 'primitiva' en forma secreta en todo el mundo, así como el horror cósmico de Lovecraft es inseparable de sus sentimientos sobre el declive de Occidente.

La soberbia discusión de Houellebecq sobre Lovecraft ofrece una profunda comprensión de lo que impulsa su propia escritura, así como de las tendencias reaccionarias del género de terror: sostiene que los escritores de terror son en general reaccionarios porque son en forma particular y profesional conscientes de la existencia del mal.

La reedición de este excelente ensayo, así como incontables trabajos basados en la obra de Lovecraft, parece indicar que este revival llegó para quedarse. Curiosamente, la mitología inventada por Lovecraft, que siempre insistió en declarar que era ficticia (era un materialista convencido) ahora es seguida como una nueva religión por un gran número de ocultistas, incluso ofreciendo una alternativa moderna al satanismo. Con esta cuestión de la religión y el hecho de que los Antiguos están disponibles en juguetes, tatuajes y hasta en peluches (hay 'Plush Cthulhu' y cosas por el estilo), no puede evitarse sentir que la visión de Lovecraft se subvirtió y diluyó.

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